Martes 19 de Agosto de 2014
Tiempos turbulentos, los del presente que nos toca vivir, época infame en la que las matanzas reciben la bendición eclesiástica desde las más altas jerarquías, y los jerarcas globales, hacedores del malestar general continúan su festín con sus orgías de matanzas para elevar sus dividendos que engrosan sus arcas y aniquilan vidas por doquier. Siembran muertes y cosechan réditos para el capital. En estas circunstancias se impone evocar a poetas como César Vallejo, que con sus versos vibrantes y que hacen vibrar las entrañas a los seres sensibles, denuncian miserias e injusticias, invocan la pasión por vivir. Aun en las peores situaciones. César Vallejo, nació en Santiago de Chuco (Perú) en 1892 y murió en París (Francia) en 1938. Figura fundamental de la literatura vanguardista, rompió con todos los cánones estilísticos y quizá este allí la singularidad de su poesía. Una poesía que no admite indiferentes, que incita al compromiso con los desposeídos de toda latitud. La poesía de Vallejo es universal, llega hasta las vísceras e interpela aquello que nos hace humanos, trasciende toda frontera impuesta por los que dominan. Estudió las carreras de Derecho, Filosofía y Letras, ejerció como maestro e irrumpió con su libros Los Heraldos Negros, Trilce y sus Poemas Humanos. Evocar al poeta César Vallejo es un modo de decir en el presente que no podrán con nosotros, estamos aferrados a la vida y a luchar por ella contra los mercaderes y arribistas, a cultivar la solidaridad social como afirmación cotidiana y conjuro.
Carlos A. Solero