Domingo 01 de Agosto de 2010
El lunes 26 de julio se conmemoró un nuevo aniversario del fallecimiento de Evita, figura señera del peronismo. Hablar de Evita es hablar del peronismo, de ese fenomenal movimiento de masas que cambió para siempre a la Argentina a partir del 17 de octubre de 1945. Mucho se ha escrito sobre esta cuestión. Evita y el peronismo constituyen un fascinante tema para investigar, desmenuzar y teorizar, no sólo para nosotros sino también para los extranjeros. Quien haya tenido la oportunidad de dialogar sobre Evita y el peronismo con profesores de historia, ciencia política y sociología de Estados Unidos, por ejemplo, se habrá percatado de que para el mundo académico norteamericano Evita y el peronismo constituyen un fenómeno inédito en la historia del hombre. Evita y el peronismo fueron, a mi entender, el producto de la concepción política enarbolada por la Generación del 80, sustentada esencialmente en el principio de la democracia restringida. La oligarquía terrateniente despreciaba a las masas, desconfiaba de ellas, las veía como un peligro para sus intereses. Durante décadas se valió del ejército para reprimir todo intento de rebelión popular y del sistema normativo (la ley de residencia, por ejemplo). La clase trabajadora no existía para la oligarquía hasta que en el mencionado 17 de octubre de 1945 se produjo un fenómeno que haría temblar al sistema de dominación: la irrupción de la clase trabajadora en el escenario político de la mano de Perón, acompañado más tarde por Evita. Perón y, fundamentalmente, Evita, simbolizaron la rebelión de los eternamente postergados, ignorados, explotados. El peronismo fue desde el principio un incontenible tsunami de emociones, revanchismos e ilusiones. Por fin la clase trabajadora sentía que el poder la tenía en cuenta. Evita, más que Perón, reflejó de manera más descarnada ese resentimiento anidado en el espíritu de la clase trabajadora, alimentado por un orden conservador prepotente y despiadado. Las masas se sentían en el paraíso. Evita y el peronismo lo habían hecho posible. El orden conservador jamás logró entender la naturaleza del peronismo. Por eso apañó tantos golpes de Estado. Porque no podía permitir que el país cayera en manos de un "aluvión zoológico" incontrolable, autoritario y desenfrenado, porque nunca comprendió el carácter mítico de la figura de Evita. Y sigue sin comprenderlo. Por eso se enfurece cuando aparecen figuras del peronismo como Néstor y Cristina.
Hernán Andrés Kruse,
hkruse@fibertel.com.ar