Etica y abogacía
En el acto por del Día del Abogado, escuchamos el discurso central del presidente del directorio, Arturo Araujo, que giró en torno a la ética profesional, problemática esencial de nuestra profesión.

Martes 01 de Septiembre de 2009

En el acto por del Día del Abogado, escuchamos el discurso central del presidente del directorio, Arturo Araujo, que giró en torno a la ética profesional, problemática esencial de nuestra profesión. Luego de ejemplificar, con diversas expresiones traídas de la historia, el deterioro social que sin duda padece la imagen de nuestro quehacer, pugnó por medidas de acción gremial para combatir la inconducta profesional.

Sin tapujos, puntualizó como casos paradigmáticos de violación de normas de conducta profesional el contubernio entre muchos abogados dedicados a asistir víctimas de daños y los restantes operadores actuantes de ordinario en estos hechos (policía, personal de hospitales, etcétera). Estos espurios acuerdos económicos no solamente violentan normas de ética, sino que distorsionan la actividad profesional al ocasionar una despiadada competencia por conseguir asuntos a toda costa, cercenando el derecho indiscutible del justiciable de elegir libremente y sin presión alguna al profesional del derecho que lo asista en sus eventuales derechos. "Se han firmado poderes en los velorios", disparó sin anestesia el presidente Araujo, conmocionado a la numerosa audiencia.

Pero no todo quedó en críticas y palabras, ya que el orador anunció la creación de una comisión de ética que tendrá como principal función la de servir de nexo entre el directorio y el Tribunal de Etica de nuestro colegio y la de proponer la sanción de normas que afinen el quehacer sancionatorio del primero. No puede sino celebrarse tan auspiciosas palabras, que califican al directorio todo de nuestro colegio por dos poderosas razones. En primer término por romper el tradicional y repetido discurso de rememorar nuestro día con evocaciones históricas que, si bien resultan trascendentes, en ocasiones se encuentran alejadas de la realidad cotidiana y de las necesidades concretas de nuestra profesión. Y en segundo lugar, merecen elogios sus palabras por cristalizar una valiente y desacostumbrada autocrítica, que sin duda escapa al tradicional apañamiento corporativo que, de sus integrantes, se endilga a ciertas instituciones profesionales y que se reflejan en aquel dicho popular: "Entre bueyes no hay cornadas". Bueno sería que en otros ámbitos (políticos y profesionales) se adoptara una postura equivalente destinada a depurar las propias filas.

Oscar Norberto Russo,

DNI 6.023.099

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