Martes 17 de Junio de 2014
Después de un accidente es normal que ya sepas de memoria casi todos los aspectos de lo que lo te pasó, o por lo menos de todo lo que recuerdes, por la cantidad de veces que uno lo tiene que repetir ante la preocupación de familiares, amigos afectos y conocidos. En la Semana de la Seguridad Vial, donde uno de los aspectos más importantes a los que se apuntan en la circulación en motocicletas es el uso del casco, tuve un accidente que pudo costarme la vida, sino hubiera contado con esta medida de prevención. El martes pasado iba a zona norte, y para llegar más rápido a un compromiso personal, tome una ruta alternativa que no suelo tomar siempre, por Avellaneda, pasando por la curva junto a la cancha de Central. Hasta ahí llegué. Un auto que iba por el carril izquierdo se cruzó, haciendo zigzag, al que yo utilizaba. Sin demasiado tiempo para pensar, me tuve que cruzar al carril derecho, porque sino hubiera chocado con ese auto, que lo único que recuerdo es que era negro, pero la curva quedo muy en frente mío. Frene todo lo que pude y caí sin más al piso, rebotando, primero dándome la cabeza contra el cordón, y luego contra el asfalto. Después de este suceso, es donde quiero detenerme. Dos autos que venían atrás mío pararon, no a ver lo que había pasado, sino a darme auxilio. El primero, un auto gris que venía con dos señoras que se bajaron, llamaron a la ambulancia, comentándole lo que pasó. La cual nunca vino. Momento después, un segundo auto se detuvo. Ellos, una pareja joven, me ayudaron a levantar las cosas que habían literalmente salido volando del baúl, unas herramientas y unas cosas que uno suele llevar ante alguna contingencia. Me detuve en ese momento a revisar en qué condición estaba la moto, la parte donde van los pies había trabado los cambios y cuando quise moverla se iba para cualquier lado, porque los caños de la rueda delantera habían quedado todos doblados. Las primeras personas, volvieron a llamar a la ambulancia, la cual nunca llegó. Los segundos, me ayudaron a llevarla a la vereda, cuando un tercer auto paró para decirnos que era muy peligroso quedarnos ahí, que podía darse otro accidente, y cuando veo a mi alrededor, estábamos en medio de la calle, con la moto todavía en el piso. Probé si la podía mover, los cambios trabados no me dejaban, el muchacho del segundo auto me ayudó a levar la moto a la vereda. El primer auto se tuvo que ir. Seguimos esperando a la ambulancia. Esta pareja que me socorrió, no podía entender cómo me levanté tan rápido. Según relataron, lo que yo sentí como un rebote, ellos lo vieron como un vuelo, que yo claramente no recuerdo, cuánto volé, y hasta dónde. Si me dijeron sus nombres, no los recuerdo, si yo se los pregunté, no lo recuerdo. Creo haberles dejado un tarjetita con mis datos, me dijeron que después iban a preguntar como estaba, no sé si mi teléfono estaba actualizado, pero a través de este medio, quiero agradecerles ese gesto de enorme generosidad al haberme auxiliado, llamar a la ambulancia y quedarse casi una hora conmigo. No sé cómo se llaman, pero siempre les voy a estar agradecida. Decirles que a pesar de que aún estoy un poco dolorida y con calmantes, Dios guardó mi vida y no me fracturé ni fisuré nada, sólo un traumatismo medio en el brazo izquierdo y un par de raspones. Muchas gracias.
Natalia Pereyra / DNI 36.009.853