Lunes 27 de Mayo de 2013
Hace siete años mi vida era más fácil, mi madre lo era todo para mí y mis dos hermanos, pero luego de su muerte no sólo sentí que parte de mí se fue con ella, también me sentí como los perros vagabundos de las calles. A partir de ese día me di cuenta de muchas cosas, no sólo de lo valiosa que es la vida y de las hermosuras de la naturaleza, sino también de lo complicado que es crecer en un país complicado como este, donde la inseguridad y la injusticia crecen diariamente, carece de respeto y sobre todo la gran falta de amor por el otro. Cuánto dolor, cuánto cuesta sobrevivir en una sociedad de tanta gente tóxica. Pero tuve el honor de conocer dos seres maravillosos. El, un hombre humilde y honesto que pasó una solitaria y dolorosa niñez. Ella, una mujer de puro corazón que hace 12 años que lucha con su enfermedad (cáncer) y no deja de sonreir a la vida. Ellos, quienes me abrigaron, sostuvieron en sus brazos y nunca me dejaron caer, me enseñaron que todo es posible en la vida si no dejamos de soñar, aunque me caiga, tengo que volver a levantarme porque volver a empezar no es difícil, es la ley de la vida. A ellos quiero agradecerles por ayudar a mi familia, antes, durante la enfermedad de mi madre, y luego de su muerte. Por el apoyo, consejos, fuerzas, abrazos y ante todo por estar siempre y darnos tanto tanto amor. Eternamente gracias, Andrés y Ana Lia. Gracias por existir.
Sabrina Cinalli
DNI 33.305.483