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Estuvo tan cerca, pero quedó tan lejos

Después de ese quiebre el partido medianamente lúcido que había hecho el equipo de Russo valía de poco. Sólo servía para algún tipo de consuelo que lejos iba a poder saciar la apetencia del triunfo.

Lunes 13 de Octubre de 2014

Estuvo demasiado cerca, le quedó demasiado lejos. Esa cierta tranquilidad con la que transitó Central gran parte del partido quedó reducida a un manojo de voluntades después de la tromba en la que se transformó Boca tras la expulsión de Acevedo allá por los 17’ del segundo tiempo, cuando el Canalla se movía con cierta solvencia en la cancha y no pasaba grandes zozobras. Pero la taba se dio vuelta rápidamente. Fue cuestión de que el xeneize acertara en una estocada para que el partido se ponga de nalgas para el Canalla. Resultado: con el cansancio que acarreaba, con uno menos y ya con el resultado en contra todo formó parte de una quimera.

Después de ese quiebre el partido medianamente lúcido que había hecho el equipo de Russo valía de poco. Sólo servía para algún tipo de consuelo que lejos iba a poder saciar la apetencia del triunfo. Ni siquiera del empate.

¿Hubo indicios positivos de acuerdo a lo que se venia viendo? Algunas cosas. No fue mucho, pero sí algunas actitudes que evidenciaron una cierta osadía, que quedaron cristalizadas en las primeras corridas de Montoya y luego de Niell, cuando apenas iban un par de minutos.

Y en medio de esa cierta calma que Central cargada sobre sus espaldas apareció la estocada con la que los canallas golpeaban fuerte en la Bombonera, que se inició con un gran quite de Berra sobre Carrizo, que siguió con la corrida de Valencia, que tuvo el pase de Nery Domínguez a Becker, el centro como con la mano del volante ofensivo y finalmente el cabezazo goleador de colombiano. Un escenario ideal por donde se lo mire.

Pero la reapertura del telón fue con condimentos importantes. Porque después de un par de avances picantes de cada lado llegó ese brazo abierto con alto grado de imprudencia por parte de Acevedo que terminó con la expulsión del defensor. Nueva partitura. Nuevas coordenadas. Nuevo partido.

Central comenzó a refugiarse en la misma proporción en la que Arruabarrena decidía mandar delanteros. Por eso la cancha se inclinó decididamente hacia el arco de Caranta. Y la defensa resistió una vez, otra, y otra. Hasta que llegó esa mala cobertura en el fondo tras un tiro libre y la aparición de Echeverría (74’) para transformar a la Bombonera en un hervidero.

A esa altura Central sabía que la nafta no le iba a dar más que para poner el empate a resguardo. Pero no pudo. Es que Boca seguía atacando, con mucha más locura y empuje que fútbol, pero atacando al fin. Y tres minutos más tarde otra vez la defensa canalla dudó una y otra vez y Marín puso la punta del botín para dar vuelta el resultado y sepultar prácticamente la suerte de Central.

Porque tras eso no hubo más nada que hacer. Al Canalla no le daba para avanzar en bloque, para generar y mucho menos para desequilibrar en los metros finales. Por eso la imagen de Russo insultando a Herrera y yéndose del campo de juego a paso cansino fue lo más destacado de un partido en el que Central por momentos tuvo todo demasiado cerca, pero que al final le quedó demasiado lejos.

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