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Estupor barrial tras el asesinato a tiros de un chico en Paraguay al 2900

Tenía 19 años y lo ejecutaron desde una moto. Es el tercer homicidio allí en dos años. Los vecinos gritan su agobio por las violentas disputas entre dos puestos de drogas en la zona.

Viernes 13 de Abril de 2012

"Antes, cuando estaban los pasillos de la villa y las calles no estaban abiertas, no se veía esto. Desde que abrieron las calles hay más quioscos de drogas y ahí tenés los resultados. Antes había delitos, pero no asesinatos como este". Fuerte y claro, una doña de villa La Lata explicó la sensación térmica de su barrio horas después de que Sebastián Franco Rodríguez, de 19 años, fuera asesinado de cuatro balazos en Paraguay al 2900, casi esquina Gomensoro. El crimen fue el tercero en los últimos dos años en un radio de cien metros (ver aparte). Sin embargo, allegados a la pesquisa a cargo de la jueza de Instrucción Mónica Lamperti indicaron que el homicidio "no tendría que ver con la pelea que dos grupos de vendedores de droga sostienen en el barrio", explicó un vocero de la investigación antes de aclarar, no obstante, que "todas las hipótesis están abiertas".

Sebastián Rodríguez tenía una causa por tentativa de robo en el Juzgado de Sentencia Nº 3. Según los datos recabados, vivía en Lord Kelvin al 1600, a metros del pasaje Cuzco. Fuentes de la investigación indicaron que la última semana el chico estaba atemorizado porque le parecía que lo seguían.

"Los familiares dijeron que tres hombres y dos mujeres lo buscaban. Refirieron un auto color bordó, una descripción similar a la que brindaron testigos en la escena del asesinato. Tal vez lo buscaban porque al romper con su anterior pareja habría muchas cosas que no eran suyas de la casa de la mujer, pero es sólo una línea de investigación. ¿Si fue un ajuste por el tema drogas? En la pesquisa no hay nada, pero por donde ocurrió el crimen nada se puede descartar", agregó.

En Cuzco. Al menos ayer, el hartazgo y la indignación le ganaron la pulseada al miedo en la zona más caliente de La Lata. Y aunque no esté claro si el crimen de Sebastián está relacionado con la puja por la venta de drogas, los vecinos contaron cómo es vivir en esa línea de fuego.

"No hace mucho, acá balearon a uno", comentó un vecino en Paraguay y Gomensoro, mientras señalaba lugares con su mano. "Allá balearon a otro y hace poco, acá a la vuelta, mataron a uno de siete tiros", añadió en alusión al crimen de Pedro Lencina, acribillado en septiembre pasado frente a un quiosco de drogas que, según los vecinos, funciona en Gomensoro al 1400.

"Después de ese asesinato los que vendían droga en un pasillo de Paraguay y Gomensoro se trasladaron al pasaje Cuzco. ¿Sabés cómo se enteraron los clientes?", dijo una mujer de la cuadra, al tiempo que señalaba una pintada sobre el naranja de los ladrillos huecos del pasillo en cuestión en la que se leía: "Estamos en Cuzco".

En guerra. En La Lata aseguran que la guerra entre los dos quioscos (el de Gomensoro y el de Cuzco) es a sangre y fuego. "La entrada al pasillo me la balearon varias veces. Mirá este (muestra un balazo), es del otro día. El de anoche es este (señala otro impacto en la pared). Tuve que hacer un revoque bien fuerte, con ceresita, para que no pasen las balas porque la pared es de ladrillo hueco", explicó otro vecino.

"Quiero vender mi casa e irme porque no quiero esto para mis hijos. Pero ¿quién me la va a comprar?", dijo una joven vecina mirando de reojo el charco de sangre sobre la calle a la altura de Paraguay 2935, a menos de 10 metros del templo "Jesucristo, señor de todos", de la iglesia evangélica Asamblea de Dios de Paraná.

Para los vecinos, Rodríguez era un soldadito del quiosco ubicado sobre Gomensoro. Pero este dato no constaba al cierre de esta edición en la pesquisa de la jueza Lamperti.

"Esto pasó entre las 3.30 y las 4 de la mañana. Lo sé porque estaba haciéndome una nebulizaciones", explicó una vecina. Y como en la canción "Pedro Navaja", de Rubén Blades, "aunque hubo ruido, nadie salió".

Sólo un vecino, harto de estar harto, abrió la puerta y le disparó a los agresores. "Acá no sólo los delincuentes están armados", susurró una doña, bien bajito, para evitar el oído chismoso.

Hubo testimonios sobre chasquidos de neumáticos de auto. Rodríguez quedó tirado en la calle con cuatro agujeros en el pecho, clavícula, el lado izquierdo de la ingle y en la espalda. Su cuerpo quedó obstruyendo el tráfico como un símbolo de lo que allí ocurre, hasta el alba, cuando la mortera se lo llevó. Cinco vainas calibre 9 milímetros completaban la escena.

Compraventa. "La gente cree que comprar droga es fácil. Ellos (por los narcos) tienen pibes parados en las esquina haciendo de campana, para ver quién llega. Si usted viene a comprar, lo van a examinar antes de venderle. Días atrás un señor estacionó en Paraguay y Rueda y nos ofrecía dinero para que le compráramos su droga porque a él no le habían querido vender", explicó una vecina.

"Este barrio es la peor porquería que se puede tener. Me quedo con el de antes, era mejor. Calle de tierra, pisos de tierra y no pasaba nada. No había tiros todas las noches. Hoy es fácil quedar en medio de fuego cruzado y acá está lleno de pibes. Y esa mierda de la droga por todos lados", dijo un vecino, más harto que nostálgico de cómo se vivía en La Lata antes de que empezara su urbanización en 2003.

Aún no está claro si Rodríguez murió como consecuencia de la guerra entre vendedores de droga. Pero la realidad que denuncian los vecinos sigue estando ahí, a veinte cuadras de la peatonal Córdoba.

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