Domingo 07 de Junio de 2009
Felipe Augusto González Olart tiene 29 años y es colombiano. Más precisamente de Bogotá. El
pasado 15 de abril llegó a Rosario para cursar un posgrado en comunicación digital interactiva en
la UNR y se instaló en un hostel céntrico. Allí se conoció con otro joven que le dijo ser
venezolano y estar en la ciudad haciendo una residencia en medicina. Rápidamente los muchachos
hicieron migas entre ellos y se pusieron de acuerdo para alquilar un departamento en forma
conjunta. Sin embargo, lo que parecía ser el inicio de una buena relación que abarataría los costos
de estadía, se destruyó la noche del viernes cuando Felipe volvió a la vivienda y notó que su
compañero se había escapado con todo su dinero y muchas de sus pertenencias.
“Estoy destrozado. No tanto por lo material y el dinero porque de
alguna forma me las voy a arreglar. Sino porque este muchacho me llevó una notebook en la cual
tenía almacenado mi trabajo de muchos años como fotógrafo independiente y el desarrollo de un
proyecto de educación ambiental que estaba realizando en mi país”, confió Felipe a
La Capital poco después de radicar la denuncia en la seccional 4ª de policía.
Una trampa. Según la presentación en la comisaría, Felipe conoció a Sebastián Ponce García, de
origen venezolano, en un hostel de calle Urquiza en el que estuvo los primeros días posteriores a
su llegada a la ciudad. La buena relación que entablaron y la necesidad de alquilar un departamento
más cómodo durante el período de estudios los llevó a una propiedad de Ituzaingó al 400. Allí se
instalaron a fines de abril después de que Sebastián se hiciera cargo de firmar el contrato
respectivo.
La noche del viernes Felipe asistió a una de sus clases en la Facultad
de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, ubicada en el predio de La Siberia y muy cerca de
la vivienda alquilada. Pero al volver notó con desazón que su compañero ya no estaba y que le
faltaban una notebook marca HP, un I-pod Apple, un lente fotográfico Canon, 4.800 pesos argentinos
y 4.260 dólares. “Se llevó todo lo de valor que yo tenía. Sólo me dejó la ropa y los
documentos”, dijo Felipe desconsolado.
Desde ese mismo momento, el muchacho trató de contactarse con Sebastián
a través de mails y llamados a su celular pero todas las comunicaciones le rebotan. “Por
ahora no tengo forma de localizarlo y creo que me ha mentido. Este muchacho no debe estar haciendo
ninguna residencia médica y mucho menos debe ser estudiante. Es un verdadero ladrón”, se
lamentó el colombiano que por estas horas piensa dónde instalarse para seguir estudiando ya que el
dueño del departamento lo echó al sostener que el responsable del contrato era su compañero. l