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“Estoy trabajando como coach de la Intendencia desde hace ya ocho años”

Alejandro Marchesán es especialista en coaching profesional, una disciplina de moda que asegura que con “entrenamiento” se pueden conseguir las metas planificadas.

Domingo 28 de Diciembre de 2014

Trabaja desde hace años en el corazón de la Intendencia de Rosario, pero no aparece públicamente. Su actividad se guarda en el más absoluto hermetismo. Y de alguna manera se lo justifica argumentando que su tarea necesita de “confidencialidad”. Alejandro Marchesán, que de él se trata, se viene desempeñando como coach (entrenador) de la intendenta Mónica Fein, que ha recurrido a sus servicios de coaching con el objetivo de mejorar el desempeño de su gobierno. “Mi rol como coach es ir facilitando y acompañando una gestión eficaz, donde se vean los objetivos, se trabaje por los resultados y se esté todo el tiempo viendo los costos de esa acción, porque a veces pagamos muy caro lo que hacemos, en términos relacionales, emocionales y de tiempo”, afirma en una entrevista que aceptó mantener con La Capital en una oficina de un hotel céntrico, donde se hospeda cuando viene a Rosario. Aunque del tema sólo hable a regañadientes, Marchesán no sólo es coach ontológico y presidente de la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching, sino también líder junto a su esposa de una organización cristiana denominada Ministerio de la Reconciliación, que realiza reuniones periódicas con “creyentes” y ofrece a iglesias y congregaciones el servicio de “coaching cristiano”.

Marchesán se ha convertido en los últimos años en una especie de gurú del gobierno socialista en Rosario, un experto en coaching y liderazgo que busca sacar del dirigente todo su potencial. Si bien este tipo de entrenamientos es más propio de las elites empresariales que de los dirigentes políticos, se viene desempeñando bajo la máxima discreción como coach de la intendenta y su equipo de colaboradores. Fein recurrió a sus servicios en un intento por mejorar su liderazgo, darle más impulso a la gestión, obtener mayor compromiso en su equipo de gobierno y optimizar los resultados de las políticas que se implementan.

El coaching es un método que consiste en dirigir, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas con el objetivo de conseguir alguna meta. En palabras de Marchesán: “El coaching respeta quiénes somos, no niega quiénes somos, pero entre quién yo soy en este momento y quién deseo ser se establece una brecha. Entonces en esa brecha es donde trabaja el coach, que es un entrenador del ser humano. Pero es muy importante resaltar que un coach profesional, por supuesto, jamás va a negar ni mucho menos resistir quién es una persona, un equipo o una organización, sino que va a tomar aquellos atributos y elementos que son propios del quién es, y después va a escuchar todas esas cosas que no es, pero que desea ser, desea cambiar”.

—¿Y qué ocurre, supongamos, cuando la brecha entre quiénes somos y quiénes queremos ser es muy amplia?

—La amplitud de la brecha la define el compromiso.

—¿Cómo sería eso?

—Te lo explico en términos bien simples: si vos sos propietario de un auto Fiat 600 modelo 67 y decís voy a cambiar el auto por un Fiat 600 modelo 69, la brecha es pequeña porque tu compromiso de poder cambiar ese auto es pequeño. Sin embargo, si vos me decís que lo querés cambiar por un Fiat modelo 90 la brecha es más grande y requerirá más recursos, más atención de la persona. Es decir, la brecha entre quién soy y quién elijo ser está dada por el compromiso que uno asuma con ese proceso de cambio, de transformación. Esto se da en las personas, en los equipos, en las organizaciones y en la gestión pública.

—¿En qué se diferencia un coach ontológico de un psicólogo?

—El coach es el entrenador y la ontología es la rama de la filosofía que responde a la inquietud de quiénes somos. Un coach ontológico trabaja en el diseño del ser de esa persona, de ese equipo, de esa organización. La psicología es otra práctica que por supuesto tiene muchísimo más desarrollo, es más científica, trabaja sobre objetos de estudio. La persona pasa a ser una suerte de posibilidad de estudio, de análisis, de comparación contra ciertos patrones definidos. El coaching no es una ciencia, es una práctica profesional. Es una práctica que tiene sus insumos a partir de lo que la persona le da y no a partir de lo que yo como externo veo que existe como comportamiento y lo cotejo contra una matriz. Una de las diferencias entre el coaching ontológico y la psicología es que la psicología trabaja más de atrás hacia adelante, y el coaching trabaja más de adelante hacia atrás. El coach se va a parar en la relación contemplando los elementos del pasado, escuchándolos, serán insumos, pero no determinaciones. Trabaja en cuál es tu compromiso como persona, como equipo, como organización para poder llegar a eso que te estás comprometiendo. La psicología trabaja más desde atrás procurando explicar ciertos comportamientos, ciertas disfunciones. El coaching no explica, el coaching genera, crea. En algún caso es más sistémico y holístico. La psicología es más de un trasfondo de causa, tratando de entender la causa que genera el efecto. En cambio, el coaching está comprometido con el efecto.

—Es decir, el coaching está focalizado en modificar conductas.

—Sí, pero para conseguir aquello que la persona está pretendiendo lograr, no para cambiar algo que esté mal, y ésta es una diferencia importante. Yo no me paro desde el coaching para decirte que lo que vos estás haciendo no está bien. El coaching lo que hace es preguntar: ¿te sirve lo que vos estás haciendo para lograr lo que querés obtener? Algo así como que vos querés tener un nuevo trabajo pero dormís todos los días hasta las 11 de la mañana. Yo no voy a decir que está bien o está mal dormir hasta esa hora, pero probablemente ese comportamiento de levantarte a las 11 y querer ser gerente de una empresa no es coherente entre lo que se dice y lo que se hace. Por eso el coaching ontológico es una práctica que se para en la coherencia, no en la explicación de la incoherencia.

—Da la impresión de que el coach termina siendo como un confidente de la persona entrenada.

—Se establece entre ambos una relación de muchísima confianza. No hay proceso de coaching sustentable si no hay confianza en la relación del coach y el coachee, el que asiste con el que es asistido. A diferencia de la psicología más clásica que la persona es vista como un paciente, en el coaching no hay paciente. El entrenado es un otro tan legítimo como el coach. El coachee pide los servicios de un coach para ser asistido en ese proceso de aprendizaje. El entrenador acompaña al entrenado siempre en un marco de muchísimo respeto y altísima confianza, y de confiabilidad desde el punto de vista de la información. Es decir, hay un espacio de confidencialidad.

—Las críticas al coaching son variadas: desde que utiliza métodos de manipulación emocional y hasta que es una actividad que no está regulada por el Estado, no está colegiada. ¿Quién garantiza que un coach esté realmente capacitado?

—La psicología cuando emerge y comienza a confrontar con la psiquiatría pasó por un proceso similar. Toda práctica profesional tiene su tiempo de desarrollo, de consolidación. El coaching ontológico en la Argentina es uno de los referentes más importante que tiene el mundo por la seriedad con la que se ha trabajado en el armado académico de la formación de coaches. La Asociación Argentina de Profesionales del Coaching avala la formación de 22 escuelas en todo el país. Un coach tiene una formación mínima de dos años. Pero lamentablemente hay coaches que no están capacitados para hacer esa actividad. Hay otras instancias que ven esto más como una oportunidad de negocios, por el modismo de la palabra, donde hoy el coaching se ha puesto de moda.

Marchesán vive en la localidad bonaerense de Pilar y se instala dos días a la semana en Rosario para trabajar como coach de la Intendencia. Pero no es un recién llegado a la Municipalidad. Su desembarco se produjo hace ocho años de la mano del entonces intendente y actual senador y precandidato a gobernador Miguel Lifschitz, de quien fue “coach personal”. Incluso durante su gobierno ocupó el cargo de coordinador de Gestión de Proyectos del gabinete municipal (2009-2011). Tan estrecha es la relación entre ambos, que Lifschitz le prologó el libro "El líder que sirve", de la editorial Dunken. Y hasta han dado seminarios juntos, como el de agosto de 2013 en Río Cuarto, titulado "Cómo hacen los que hacen… para que las cosas pasen", localidad cordobesa donde Marchesán también ofrece sus servicios a través de un centro de coaching para empresas agroalimentarias.

¿Cuál es su trabajo como coach de la intendenta Fein?

—Básicamente hago un trabajo de facilitación, que tiene que ver con algunos procesos, con algunos proyectos. Hoy la Municipalidad realiza una acción innovadora en este sentido con una mentalidad muy abierta para ver nuevas herramientas de gestión. Mi tarea, ya hace cerca de ocho años en la Intendencia, es ir acompañando y facilitando esta construcción de cultura que la gestión municipal ha ido tomando y que ha echado raíces muy profundas a punto tal que ha habido y sigue habiendo proyectos que se encaran de manera compleja, donde no hay una sola secretaría involucrada, sino varias. Esto tiene que ver con una facilitación de una manera de hacer gestión interdependiente, compleja, integrada por el bien común, y no sólo por el bien propio.

¿Usted trabaja con la intendenta y los secretarios de cada área?

—Sí, voy colaborando según lo que la intendenta me vaya pidiendo en la facilitación de ciertos procesos y voy, por supuesto, conversando y coordinando acciones.

¿Su objetivo es conseguir mejores resultados de la gestión, de los proyectos que se encaran?

—Claro. Si nosotros pensamos en función de eficiencia, la eficiencia es una distinción diríamos casi económica, es decir, busco los resultados al menor costo posible. Después está la efectividad, que es la relación de objetivos y resultados. Más efectivo soy cuanto más los resultados que obtengo están cerca de los objetivos. Si yo me comprometo a hacer un maratón y a llegar en 50 minutos, si llego en 50 minutos quiere decir que soy ciento por ciento efectivo. Aquí hay un compromiso de la gestión en ser efectivos, alcanzar los objetivos, en una estrecha relación con los costos de esos objetivos. Y esta manera de hacer gestión innovadora se llama eficacia. El gobierno municipal ha dado un paso adelante con un compromiso pocas veces visto de ir llevando la gestión a la mayor eficiencia y a la mayor efectividad.

¿Y qué relación hay entre la capacidad de liderazgo de un dirigente, en este caso de la intendenta Fein, con el cumplimiento de los objetivos por parte de su equipo de trabajo? ¿Usted como coach también trabaja sobre el perfil de liderazgo?

—Claro. El liderazgo sigue siendo tan importante como lo fue siempre, y no solamente por lo que el líder hace, sino por el estilo de liderazgo. Los estilos cerrados, autoritarios, verticales, que no escuchan y sólo dicen lo que hay que hacer, que las cosas pasan solamente porque ellos están, son liderazgo no sólo que la gente ya los detecta como no convenientes, sino que los resultados hablan que no son los más convenientes. Entonces, claro que también trabajo en el estilo de liderazgo para que pueda sostener lo que hace. Y también hace años que venimos acompañando, trabajando no sólo con la intendenta con el desarrollo de su liderazgo, sino además con el ingeniero Lifschitz. Son un conjunto de personas y líderes secretarios del gabinete que han trabajado en esto con mucha grandeza.

¿Cuáles considera que son las fortalezas y las debilidades del estilo de liderazgo de Fein?

—Es una pregunta compleja desde el lugar donde debo responder. Las fortalezas de Fein tienen que ver con unir sensibilidad con compromiso de gestión eficaz, que no es sencillo a veces. Porque a veces tenemos líderes que son muy sensibles, pero no alcanzan los resultados; y otras veces tenemos líderes que alcanzan los resultados pero les falta cercanía con la gente. Entonces esta unión entre la humanidad de quien lidera y el compromiso de alcanzar resultados es una gran fortaleza de Fein. Y decirte cuáles son las debilidades de la intendenta, cuáles pueden ser sus áreas de mejoras me lo reservo para trabajarlo.

¿Sigue siendo coach personal de Lifschitz?

—Mantengo una relación profesional y una relación de cercanía con el actual senador, pero no soy su coach personal, no podría contestarte eso.

Pero lo fue.

—En su momento trabajamos durante un tiempo. Lifschitz fue un pionero. Dio un puntapié inicial ocho años atrás dándole lugar a este tipo de apuntalamiento, asistencia que tuvo un gesto muy particular: antes de poder trabajar con parte de su equipo, Lifschitz dedicó un tiempo para mantener un proceso de conversaciones, de trabajo personal que dio unos resultados fantásticos. Creo que se ha constituido en un pionero en esto de tener apertura y trabajar con compromiso.

Marchesán, casado con Marisa Arnaudo, hija del ex gobernador menemista de La Rioja Bernabé Arnaudo, se recibió de licenciado en ciencias sociales, en la Universidad Nacional de Quilmes. Luego se dedicó a realizar estudios de coaching. Desde hace años vende servicios como coach personal y organizacional, además de dictar seminarios para la formación de coaches. Justamente, en Rosario dio decenas de estos cursos, a los que concurren principalmente profesionales y empresarios.

Quienes han participado en estos cursos dicen que Marchesán es muy hábil comunicando ante grandes grupos. Maneja la oratoria de manera destacada, interpela permanentemente al interlocutor, utiliza distintos tonos de voz para mantener la atención del auditorio y nunca pierde el dominio absoluto de la escena. La idea central que Marchesán sostiene en sus charlas de coaching está centrada en la relación del ser y el hacer: "El hacer proviene de quiénes somos, pero la acción genera el ser que somos… Por ello, es importante quién soy, pero también quién elijo ser, quién necesito ser". Así, sus discursos en los seminarios los suele concluir con prédicas como ésta, que llaman la atención por su dogmatismo: "No negocies con la mediocridad de la razón. La razón te va a decir: «Yo sé que esto me ahoga, me distancia, me ahorca, pero tengo razón». El cementerio está lleno de gente que murió teniendo razón y no dejó una sola huella en la vida. No te pongas de rodillas ante la mediocridad de la razón".

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