Domingo 27 de Mayo de 2012
Alfonso Prat Gay, diputado nacional por la Coalición Cívica (CC-ARI), afirmó que la "sintonía fina", el leit motiv del segundo mandato de Cristina Fernández, es un ajuste de las cuentas públicas anunciado por la presidenta pero que lo tienen que aplicar las provincias. "Este es un gobierno que lleva cinco meses de reelecto y decidió tomar una cantidad de medidas que se parecen más a una emergencia económica y una emergencia política", dijo, y apuntó que si la economía se sigue desacelerando el kirchnerismo buscará adelantar las legislativas de 2013.
El ex titular del Banco Central pasó por Rosario para acompañar al flamante presidente de la CC-ARI, Pablo Javkin, a una serie de actividades políticas. En una charla con LaCapital, se refirió al rumbo de la economía y al rol de su partido sin la presencia tutelar de Elisa Carrió.
—El modelo kirchnerista se basó en los superávit gemelos y ahora encuentra problemas para mantenerlos. ¿Cuál es la expectativa en el mediano plazo?
—Lo primero que hay que decir es que esto no es un modelo. Estas dos cuestiones (los superávit comercial y fiscal) fueron logros de (Eduardo) Duhalde que el kirchnerismo no reconoce. Cuando asumió Néstor Kirchner encontró una economía con un fuerte excedente de dólares y de pesos. Después de la devaluación y con una política fiscal prudente a cargo de Lavagna, se lograron mantener los dos superávit. Para contrarrestar la política restrictiva en lo fiscal, desde el Central bajábamos la tasa de interés para mantener el equilibrio en todas las variables. El problema de Néstor fue pensar que era mérito de él y que duraba para siempre. Así como en los 90 la variable de ajuste era la tasa de desempleo de casi el 20 por ciento, ahora esa variable es la tasa de inflación del 20 o 25 por ciento, con un tipo de cambio artificialmente contenido. Este es un gobierno que lleva cinco meses de reelecto y decididió tomar medidas que se parecen más a emergencias económica y política.
—¿Cómo cuáles?
—El control de cambios, por ejemplo. No hay antecedente en la Argentina de control de cambio con más de 40 mil millones de reservas en el Central.
—¿Por qué entonces tiene necesidad de controlar el dólar?
—Porque se les fue esfumando el balance comercial, y como no lo tienen, lo quiere provocar artificialmente. Esto es (Guillermo) Moreno, el voluntarismo puro de querer resolver esto aun en contra de las leyes básicas de la economía. Esto funciona un tiempo.
—¿Hasta cuándo puede aguantar un país con una inflación de dos dígitos?
—No hay una respuesta a esa pregunta, pero uno puede ver los puntos de tensión. El problema de la alta inflación es cuando hay algunos precios que no van a la misma velocidad. Ahora todos los precios suben el 25 por ciento, menos tarifas, tipo de cambio, jubilaciones por encima de la mínima y salarios informales.
—Al final de los 90 casi todas las provincias emitieron cuasimonedas y hoy hay distritos que emiten títulos de deuda. ¿Ve alguna analogía?
—Veo que las finanzas provinciales están empeorando rápidamente, pero todavía no están en la situación en que estaban en el 2000 o 2001. Pero la dinámica va en esa dirección. En los noventa el problema no era el déficit fiscal, sino el retraso cambiario, que te provocaba la recesión y se endeudaban en el sistema financiero. La diferencia con los noventas es que el gobierno nacional tiene mucho más margen de acción, porque tiene el Banco Central, que en los noventa no lo podía usar; tiene a la Ansés, que en los noventa eran fondos de pensión. Mientras tanto, las provincias tienen prácticamente el mismo margen. ¿Cómo era la salida de Santa Fe y otras provincias para no aumentar impuestos? Colocar deuda en el mercado local y en el exterior. Esa lógica la rompió YPF. Con la expropiación, el costo de endeudarse afuera se disparó. El gobierno no sólo se quedó con las cajas, sino que les fue arruinando a las provincias la única salida financiera posible: el endeudamiento. Por eso se está viendo que, si bien la sintonía fina la anunció Cristina, el ajuste lo terminan haciendo las provincias.
—¿Cómo explica que la sociedad, tras el aval mayoritario a Cristina, a la semana comenzara la histeria por el dólar?
—La gente hizo lo que hizo siempre: votó a Cristina para que siga la fiesta del consumo y salió a comprar dólares por si la fiesta se terminaba. Eso no fue una movida especulativa de cuatro banqueros y tres multinacionales que se juntaron para ir en contra de la voluntad popular. Está comprobado que más de la mitad de las transacciones en ese entonces eran por montos inferiores a los 10 mil dólares. El gobierno prefirió sacar rédito político, decir que le iba a quebrar el cuello a los especuladores y sentarse sobre el tipo de cambio, que es lo que hizo Menem en los 90 y Martínez de Hoz en los 70. La fórmula maldita del atraso cambiario para que parezca que está todo bien.
—¿Qué beneficios o dificultades logra la CC al no tener más un liderazgo fuerte y pasional como el de Elisa Carrió?
—La mayor dificultad es que tenemos que funcionar como un partido, porque hasta ahora ese liderazgo era tan fuerte que las decisiones se tomaban de una manera personal, y todo el resto acatando. Todos somos responsables de ese esquema de decisión. Nosotros siempre vamos a reconocer el enorme aporte de Lilita a la discusión política como fundadora del partido, y queremos que siga aportando desde dentro del partido. Si su decisión es trabajar en la CC, vamos a estar muy contentos.
—¿Cuál será la política de alianza de la CC en una elección legislativa crucial ya que el oficialismo podría acrecentar su representación parlamentaria y habilitar una reforma constitucional?
—Vamos a estar con aquellos que se opongan a una reforma constitucional, si es que eso va a marcar la agenda que viene. Tenemos otras iniciativas propias, como una reforma impositiva más progresista y creemos que podemos conseguir apoyos de otras fuerzas. Pero por el momento estamos en la instancia de diálogos. No podemos presentarnos promoviendo una alianza si antes no resolvemos nuestros problemas. Eso sería perder autoridad moral. Creo que recién más cerca de 2015 que de 2013 es posible pensar en la CC poniendo su impronta en una coalición más amplia, en un momento donde la sociedad, frente al fracaso de esta gestión económica, va a estar pidiendo algo diferente.
—¿Cómo analiza la interna en el PJ por la sucesión en el poder?
—Mucho se habla de una oposición dividida, pero en el oficialismo ya hay peleas internas por la sucesión con Scioli, Moyano. Si esta desaceleración económica continúa, muy probablemente el gobierno intente adelantar las elecciones, y eso nos estaría indicando que llegan a un lugar desde una posición de debilidad y no de fortaleza.
—¿Adelantar las legislativas de 2013?
—Sí. Lo mismo hicieron en 2009. No nos olvidemos.
—Pero esa vez no le fue bien al oficialismo...
—Pero no porque la adelantaron, sino porque aquello que ellos analizaron para adelantar los comicios fue tan malo o peor de lo que imaginaron, que fue la recesión de 2009. El oficialismo puede tener todas las artimañas electorales, pero si no acompaña esa bonanza en algún aspecto artificial con la que ellos fueron ganando me parece que lo de la reelección va a quedar en el olvido. Esto es el esquema que eligieron: usar los recursos disponibles para fogonear el consumo y así maximizar el resultado de las elecciones. Es posible que, como dicen, vayan por todos, y esto incluye la reelección indefinida. Pero creo que por la dinámica de los acontecimientos económicos de los últimos tres meses, a mí me hace pensar que ese escenario es mucho menos probable que antes.