Domingo 14 de Marzo de 2010
“Esto no fue una riña, fue un asesinato”, asegura con convicción Viviana, la madre de Pablo Conti, cuando el diálogo con el cronista de La Capital está llegando a su fin. Antes había explicado cómo ocurrió el violento suceso en el que perdió la vida su hijo. “En el boliche, Pablo salió a defender a un amigo de toda la vida de Luciano, mi otro hijo, porque el dueño del local (Daniel Lungo) lo estaba increpando con una navaja. Lo increpó, le dijo si no se daba cuenta de que el otro era un pibe y entonces un patovica lo agarró del cuello a Pablo y lo arrastró afuera. Mi hijo se quedó en la calle con los amigos y en ese momento vio que el chico al que quiso defender salió con Lungo a pelear. Después varios patovicas y (Josué) Testa vinieron a pegarle a ese pibe. El chico corrió y Pablo le pidió que no le pegaran. Ahí fue cuando Lungo lo apuñaló y Testa lo golpeó contra un árbol cuando ya estaba herido”, comentó.
Viviana afirmó que su hijo no era “violento” y señaló que en todos los clubes en los que jugó al fútbol “se ganó el afecto” de sus compañeros. “Nunca había tenido problemas en Galileo”, remarcó y recordó que cómo muestra de solidaridad con su familia, otro de los dueños del boliche estuvo en la marcha que el miércoles se hizo en Pérez para reclamar Justicia. Además, la madre de Pablo negó que su hijo y Lungo hubiesen tenido conflictos anteriores.
La última noche. Pablo jugaba en Atlético Pascana de la liga cordobesa de fútbol y hoy debía estar presente en el primer partido del torneo. La madrugada del sábado llegó a Pérez en micro desde aquella localidad tras entrenar y a las 4.30 fue al boliche con dos amigos porque era el último fin de semana que tenía libre. Poco después fue asesinado “de una manera absurda”, contó Viviana.
La mujer recordó que el muchacho se inició futbolísticamente en el club Nueva Unión de Pérez, después paseó su fútbol en Renato Cesarini y desde allí llegó a la reserva de Rosario Central. También jugó en River de Uruguay y en Argentino de Rosario después de pasar por el Birhen de Bulgaria. “Quería comenzar un curso de preparador físico” para seguir ligado al deporte de sus amores.
Viviana no puede disimular su dolor y recuerda que su hijo estuvo “40 minutos tirado malherido sin recibir atención médica”. “Los chicos lo llevaron a Medimóvil (una empresa de servicios médicos), pero allí se negaron a atenderlo. Además, el Sies no mandó ninguna ambulancia y lo tuvieron que subir a una chata del Comando Radioeléctrico para llevarlo al dispensario El Gurí”. Con llanto, la mujer dijo que los amigos de Pablo “se quisieron acercar para auxiliarlo y los policías le tiraron balazos de goma para que no se arrimaran”.