Martes 30 de Abril de 2013
A escasos metros de la plaza Dam, donde están emplazados el Palacio Real y la Nueva Iglesia, sedes de la próxima investidura de Guillermo como rey, un argentino construyó un rincón donde vende alfajores y dulce de leche, y entre sus clientes cuenta nada menos que con Máxima Zorreguieta.
Guillermo Mellicovsky, su dueño, dejó Argentina en 1992 "huyendo de la odisea de (Carlos) Menem y (Fernando) Collor de Melo, entre otros mandatarios de esa década", dice con nostalgia, mientras disfruta del notable incremento en las ventas que le trajo la marea humana que por estos días circula por el centro de Amsterdam.
"Me llamo Guillermo pero mi esposa me llama últimamente Guillermo de Holanda", cuenta entre risas el argentino en diálogo con Télam.
"Máxima vino varias veces a comprar acá", dice orgulloso y a las apuradas mientras despacha varios pedidos del alfajor Royal House, una variedad de maizena teñida del tono naranja que inunda la fiesta popular holandesa por todos los rincones de la ciudad.
"Le gustan mucho los alfajores a la futura reina" cuenta luego el Guille, como lo nombran los argentinos residentes en este país y que adoptaron el negocio ubicado en la calle Nieuwezidjs Voorburgwal 137 como lugar de encuentro ineludible.
Una rápida mirada a las vidrieras, repletas de envases de yerba, dulce de leche, alfajores de varios tipos, chocolinas, mate, chocotortas y cubanitos, entre otros productos, lo transforma -según cuentan algunos argentinos presentes durante la entrevista- en un "imán" para los nostálgicos.
Entusiasmado con la ocasión de poder relatar su historia para que la conozcan en Argentina y acompañado por el típico chocolate caliente holandés, Guillermo describe a Máxima como una persona "absolutamente normal" y destaca como un detalle significativo de sus encuentros con la futura monarca: "El trato no fue de su excelencia ni nada parecido, nos tuteamos y todo".
"Antes también andaba sin custodia y podia pasear sola, pero ahora todo eso se va a complicar con su nuevo rol", reflexiona.
Como la mayorìa de los que integran la numerosa y variada colonia de inmigrantes en este país, Guillermo no manifiesta un particular entusiasmo por los ritos y la simbología monárquica, aunque aclara que le desea "la mejor suerte" a Máxima y reconoce "la tremenda popularidad que construyó" durante sus años en el país.
A modo de confesión, agrega que ayer le envió una bandeja de alfajores "Royal House" a Máxima y que aún no recibió respuesta. "Ojalá le sigan gustando y venga siempre", concluye.