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"Este dolor nos trastornó, es la hora de velar a nuestros hijos"

Eduardo Trasante causó estremecimiento en la sala al contar la muerte de su hijo Jeremías en sus brazos. Y dijo que el juicio es un momento muy buscado.

Viernes 14 de Noviembre de 2014

Fue el segundo testimonio y el que más conmovió en la sala. El que los propios imputados escucharon con cierta atención. La voz serena y templada de Eduardo Trasante y su mensaje pacificador le otorgó otro cariz a la audiencia. Recordó las cenas de fin de año en su casa, antes del crimen de su hijo, y que justamente ese día los alimentos puestos en la mesa fueron "bendecidos por Jere". "Siempre digo la verdad, soy pastor y capellán del sistema carcelario", dijo al juramentar verdad.

Las reflexiones respetuosas de un hombre que aprendió a convivir con el dolor desde hace casi tres años fueron atentamente seguidas por las partes, el público y familiares, más allá de alguna objeción de Carlos Varela porque tenía un papel ayuda memoria, planteo que rápidamente desechó el Tribunal.

Trasante relató con paciencia las horas previas al crimen. "Una noche muy especial, con los preparativos en familia. Lo compartimos con mi esposa, hijos, nietos. Jeremías pidió la bendición para la comida y todo lo que compartimos. Pasaron unos amigos de Jere un rato antes de la una. Salieron a saludar y yo me acosté temprano. Pero en un momento mi hija Gisela golpea gritando y llorando que habían baleado a Jere, y salimos corriendo a la canchita", rememoró.

Después repasó la secuencia fatal. "Mi hijo estaba tirado frente a un banco de material, a su lado el Patom. Busqué de alzar su cuerpo, pero temblaba, tenía los ojos desorbitados. Había mucha gente, escuchamos gritos. Fue una experiencia de mucho dolor y confusión. Hubo muchos comentarios sobre gente que los baleó y salió corriendo".

Luego recordó que subió a su hijo a una camioneta de la policía. "Iba llorando, abrazado, rogando a Dios por la vida de Jere. El desconcierto era total. Dijeron que hubo gente con armas, que les quisieron robar las zapatillas, otros que salieron de la canchita a tirar tiros a mansalva".

La larga espera. Trasante explicó que en el hospital se enteran primero de la muerte de Mono, y que después llamaron de Adrián. "Nos parecía una locura, una cosa que no podía ser. Mi mujer me abraza y me dice «decime que con Jere está todo bien. En ese momento los médicos nos hacen saber que Jeremías había ingresado muerto. Murió en mis brazos. Todo lo que siguió fue una larga espera, una larga agonía", dijo el pastor que rompió en llanto.

"Este dolor generó un trastorno en nuestra mentes y nuestro corazón. Llegó el momento de velar a nuestros hijos. Yo como pastor acompañé a muchos familiares, pero la experiencia de perder un hijo y de manera violenta hace más profundo el dolor".

Admitió también que se sintió afectado cuando los primeras informaciones daban cuenta de un ajuste de cuenta por cuestiones narcos y no del crimen a mansalva. "Hubo algo que nos causó mayor dolor. Cuando por los medios la palabra de la policía decía que había sido un ajuste de cuentas entre banda y otros que eran soldados narcos. Eso produjo dolor, impotencia y enojo".

"Por eso salimos a reivindicar a nuestros hijos, y lo hicimos con los militantes del movimiento 26 de Junio, que nos orientaron para hacer frente a ese relato. Hubo muchas voces que llegaron esos días. Surgieron nombres como Quemado,Tele, Pescadito, que yo desconocía. Esos comentarios fueron aumentando. Durante un tiempo fue un rompecabezas que luego con los días tomó forma, y cada pieza se ubicó en su lugar.

En un relato que desató el llanto de varios allegados y familiares de las víctimas y hasta personas del público, Trasante dejó un mensaje fiel a sus convicciones religiosas, cuando la fiscal preguntó qué esperaba del juicio y de los acusados.

"Entiendo que la verdad puede ser una situación apremiante, y aunque ello no libera de años de cárcel, acerca a la Justicia divina. Cuando se comentaba que el Quemado Rodríguez y su banda se fueron de la ciudad luego del hecho, yo sabía que la Justicia de Dios los iba a exhibir públicamente. Espero de los señores que están detenidos, la verdad. Cuando hay sinceridad y justicia la verdad nos libera y compromete. Por 34 meses mucha gente se hizo eco del dolor. Llegar a esta instancia es algo que hemos buscado, es como abrazar el fruto de algo que nos costó mucho".

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