"Está claro que la víctima soy yo"

Domingo 20 de Diciembre de 2009

Carlos Telleldín recibe a este medio es una clásica oficina de los edificios incrustados dentro de las galerías comerciales, la Rosario. Revisa el celular, ve las llamadas perdidas y los mensajes. “Me está buscando el doctor Ferrari, el abogado que está siempre en el programa de Mauro Viale. Estamos siguiendo juntos una causa”, avisa sin que le pregunten. Afuera hace un calor agobiante. En la sombra, por peatonal San Martín, un músico callejero aulla una canción a cambio de monedas y el sonido se filtra, aun con la ventana cerrada para mantener acondicionado el ambiente. “Es tremendo, lo tengo todos los días tocando acá abajo”, rezonga Sergio Leonardo Casas, un abogado rosarino que es el flamante socio del estudio Telleldín.
  Desde que salió de la cárcel con el diploma en la mano, en 2004, Telleldín va ampliando su bufete. Empezó con una oficina en Capital Federal y tiene sucursales en Lomas de Zamora, Castelar (donde reside), La Matanza, Ituzaingó y Campana. Dice que está pensando con sus socios instalar uno en Paraná. Tuvo dos maestros pesos pesados de quienes aprender: Víctor Stinfale y Mariano Cúneo Libarona.
  Se le nota a Telleldín las ganas de hablar de su profesión, de publicitar los casos que está llevando adelante (“unos 300”, asegura), pero una y otra vez el ancla se clava en la Amia, la causa donde las familiares de las víctimas no pueden saber de la Justicia quién o quiénes fueron los responsables de la masacre.
  Pero Telleldín también se siente un damnificado. Frente al pedido de la Corte para que se lo vuelva a investigar, declara: “Nunca el Estado me pudo decir de quién fui cómplice. Lo único que sé es que un tribunal de Justicia dijo que yo vendí la camioneta de manera onerosa a una persona desconocida y que hasta ahora se desconoce su identidad. Y me absolvió. Pero necesitan tener viva la causa, porque el nombre Telleldín vende. No hay dudas de que la víctima soy yo. Vendí una camioneta como lo hice con tantos vehículos. Soy víctima de administración tardía de justicia; estuve en el limbo jurídico durante más de 15 años”.
  —¿Lo conoció al Fino Palacios?
  —Era el jefe de la Brigada Antiterrorista. Fue el comisario elegido por la comunidad judía, fue condecorado. A Nisman (Alberto, fiscal de la causa) hoy lo quieren, pero mañana lo van a querer meter preso. Porque así fue todo esto. Galeano era el ídolo máximo y después pidieron su detención.
  —¿El haber estado en presión le ayudó para conseguir clientes?
  —En el penal de Marcos Paz me adoran. En el módulo 5, que es el de los presos de máxima seguridad, los tengo a todos.
  —En Wikipedia usted figura como asesor de dos senadores nacionales. ¿Es verdad?
  —Ah sí, pero no le puedo decir el nombre porque es secreto profesional.
  —¿Cuántas causas lleva?
  —Unas 300, pero particularmente llevo 40.
  —¿Cuál fue el caso que más satisfacciones le trajo, tanto económica como personalmente?
  —El tema económico está en segundo plano. El lunes, por ejemplo, sacamos a un chico que estaba acusado de violación y sabíamos que era inocente.
  —¿Y en los casos en que usted tenía la plena certeza de que el acusado no era inocente?
  —Nosotros, como defensores, tenemos que velar por una defensa justa. A veces tenemos más suerte con unos que con otros, depende de las pruebas. A veces, con el culpable se tiene más suerte que con el inocente.l