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Esperaba el colectivo para ir a trabajar y lo mataron de un puntazo

Brutal ataque en Pellegrini y Gutemberg. La víctima tenía 50 años y cuidaba enfermos en el Pami II. El homicida no le robó el dinero ni el celular que llevaba. Hay dos jóvenes detenidos.  

Miércoles 04 de Diciembre de 2013

El lunes a la noche Fabio Marcelo Barbona salió de su casa de barrio Bella Vista para ir a trabajar al Pami II de Arroyito, donde cuidaba enfermos. Caminó los 300 metros que separaban su casa de la parada de colectivos de Pellegrini y Gutemberg y al llegar, en una escena típica de un robo, un muchacho que circulaba solo en una moto se detuvo, bajó y tras forcejear con Barbona lo asesinó con un certero puntazo en la axila derecha. Mientras el hombre de 50 años se desplomaba agonizante, el homicida subió a la moto y se fue por Gutemberg hacia el sur sin llevarse nada.

Eran cerca de las 22.30 y al menos dos testigos observaron la fatal secuencia. Junto al cuerpo de Barbona quedaron su mochila y su celular; en el bolsillo del pantalón le dejaron los 20 billetes de 100 pesos que llevaba y otros 500 pesos que tenía en la billetera.

Horas después efectivos del Comando Radioeléctrico apresaron a dos jóvenes, de 17 y 22 años. El mayor, apodado "Pepe", vive a dos cuadras de la casa de la víctima y era el más comprometido aunque en su domicilio los pesquisas, dirigidos por el juez de Instrucción Javier Beltramone, no incautaron el arma y tampoco la moto.

Al trabajo. Barbona era nacido en la localidad de Murphy, a 148 kilómetros al suroeste de Rosario por la ruta nacional 33. Era padre de seis hijos —cuatro varones y dos mujeres— y tenía tres nietos. "Mi papá no tenía problemas con nadie. Lo que sabemos es que salió a trabajar y que en la parada del colectivo lo quisieron asaltar. El se resistió y lo mataron. Quiero que encuentren a la persona que lo mató, no quiero que esto quede así. Mi papá y mi hijo son todo para mí", decía ayer a la mañana Yanet, una de las hijas de la víctima, con sus ojos claros bañados en lágrimas y sosteniendo el certificado de defunción en la puerta del Instituto Médico Legal.

El último día de su vida Fabio Barbona lo pasó haciendo lo que fue su trabajo y, quizás, su vocación: cuidar enfermos. "Me gusta el trabajo que hago porque no sólo cuidás a una persona en su enfermedad sino que también conocés sus historias. Algunas, muchas veces, de abuelos tristes y otras llenas de vivencias alegres. Además para ellos, en muchos casos, sos esa gran compañía que no tuvieron en la vida", escribió en su perfil de Facebook el pasado 13 de noviembre, en su último posteo público.

Yanet contó que el sábado su mamá fue internada en el hospital Carrasco con un cuadro depresivo. "Nos turnábamos para cuidarla. Yo desayuné ayer (lunes) con mi papá y él se quedó cuidando a mi mamá hasta después del almuerzo. Después se fue para la casa, se bañó, almorzó y se tiró a descansar", recordó la joven, y añadió que su padre generalmente salía para el trabajo alrededor de las 18 o las 19, pero el lunes se le hizo tarde y salió cerca de las 22.30.

En la garita. Luego de la tormenta que azotó Rosario anteanoche Barbona salió de su casa de Carriego al 1800 y caminó tres cuadras hasta la parada de colectivos ubicada sobre la mano oeste-este de avenida Pellegrini en la esquina con Gutemberg. Un cruce de calles que de día es un importante centro comercial y por la noche un simple lugar de paso.

Sólo la estación de servicios ubicada en diagonal a la garita estaba abierta. Pero todas las cámaras de videovigilancia de la estación está orientadas hacia los surtidores. Por la esquina mencionada, después de las 22 pasan cuatro líneas de colectivos: el 153, rojo y negro, el 120 y el 123. Bajo el cielo amenazante, Barbona se colocó debajo del techo del parador. A unos 200 metros, según confiaron fuentes policiales, había un patrullero estacionado en la mano este-oeste de Pellegrini, en el cruce con Felipe Moré.

Los testigos que vieron la agresión indicaron que Barbona estaba en la garita cuando frente al parador se detuvo un hombre que circulaba en una moto desvencijada y oscura. El motociclista se bajó y, en una secuencia que duró menos de 45 segundos, forcejeó con su víctima tomándolo de la mochila.

"Usualmente mi papá llevaba en la mochila una notebook que utilizaba para pasar la noche. Pero esta vez la había dejado en casa. Igual, él no andaba contando qué llevaba o dejaba de llevar", explicó Yanet.

Todo finalizó cuando el hombre de la moto le asestó a Barbona un puntazo en la zona axilar derecha con una chuza hecha con un alambre o bien un destornillador. "La herida era circular. Pudo ser una púa o un destornillador", explicó un vocero. Las manchas de sangre en la garita dejaban adivinar que la víctima alcanzó a sentarse en el banquito de la garita y luego se desvaneció hasta quedar tirado al lado del córdon de la calle.

"No es extraño que mi papá llevara tanto dinero (en alusión a los 2.500 pesos que había en sus bolsillos y billetera) porque él no dejaba plata en la casa", relató la hija Barbona, y agregó: "A mi mamá (que continuaba internada ayer al mediodía) recién le pudimos contar lo que pasó a media mañana. Los médicos y los psicólogos nos dijeron que la noticia se la diéramos todos los hermanos. Fue muy duro. Queremos que agarren al que le hizo esto a mi papá. Queremos justicia para mi papá, porque era un buen tipo".

Apresados. Voceros de la pesquisa indicaron que el hombre fue asistido por una ambulancia del Sies y "al comprobarse que estaba muerto" quedó en el lugar. El trabajo de efectivos de la seccional 6ª y la sección Homicidios en la escena del crimen llevó a la detención de dos jóvenes: uno de 17 años domiciliado en Pascual Rosas al 1600; y otro, apodado Pepe, que vive por la misma calle al 1800.

"Si bien el escenario se presenta como una tentativa de robo que terminó en la muerte de la víctima, hay otros elementos que se están analizando y que hacen que no se descarte ninguna hipótesis de investigación", explicó una fuente policial. Una de esas hipótesis contempla que el hombre que asesinó a Barbona lo haya hecho al sentirse reconocido.

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