Lunes 07 de Diciembre de 2009
Deseo compartir un hecho más de nuestra predilección por la credulidad y la sumisión. Seguimos comprando espejitos de colores. Y si esos vidrios coloreados son recibidos a cambio de asegurar la salud de nuestros seres queridos, la realidad se torna más violenta emocionalmente. Mi madre es una mujer de 71 años, saludable, que gusta de viajar y hasta hace dos meses ha tenido la predisposición, la salud y la disponibilidad para así hacerlo. A modo de lógica precaución contrata un seguro de salud con la conocida empresa Assist Card a través de la tarjeta Visa Gold, que no había necesitado utilizar, hasta que tuvo una descompensación que la obliga a ser internada y por lo tanto requerir de dicha cobertura a muchos kilómetros de acá. El desasosiego de quienes la hacíamos disfrutando se instaló con la noticia pero se fue profundizando gracias a los desmanejos de la empresa que precavidamente mi madre contrató para su seguridad en salud. Fueron días de negociaciones con interlocutores cambiantes (ya que nos veíamos obligados a manejarnos con un 0-800), jóvenes que se presentan con su nombre de pila y quedan amablemente a "nuestra disposición para ayudarnos", a quienes hay que repetirles la razón de la llamada en cada comunicación, sin resolver nada, lo que conduce a niveles de máxima impotencia y hasta violencia al no recibir respuesta concretada en acción al requerimiento de que mi madre vuelva al país. Anónimos de presencia, ocultos en lo despersonalizado de una gestión telefónica, y nosotros con la desesperación en el cuerpo, realmente una situación alienante. Anteponían que había coberturas que no se iban a realizar, manejaban versiones distintas hacia mi madre, desesperada por regresar (situación que está contemplada en el seguro) y hacia sus familiares acá, presentándonos costos de regreso imposibles de asumir, por supuesto a nuestra cuenta. Concluyendo: ausencia total de seriedad, daba impresión de una absoluta improvisación. Hoy mi madre ya está de regreso, cuidando su salud en su país y agradecemos la intervención de la empresa de turismo Chateau Despegue, así como la sucursal de Assist Card de Rosario quienes "sí dieron su cara" y apoyo en lo que supieron conducirnos y aconsejarnos (creo que son las capacidades humanas que priman por sobre la "camiseta empresarial"). Para que sirva esta amarga experiencia de precedente, para que no le vuelva a pasar a nadie más, para que dejemos de creer sin corroborar, para que dejemos de aceptar sin exigir, por todo esto es que quiero dejar de habilitar el abuso al "callar y no hacer nada".
María José Svetaz,
mjsvetaz@hotmail.com.ar