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España se paralizó en protesta contra la drástica reforma laboral

Los sindicatos calificaron de rotundo éxito la huelga. El gobierno habló de impacto moderado. Los incidentes más graves fueron en Barcelona. Al menos 200 detenidos en todo el país.

Viernes 30 de Marzo de 2012

Madrid. - Trabajadores españoles realizaron ayer una huelga general en protesta contra una reforma laboral que el gobierno describió como "imparable", aunque muchos ignoraron la acción gremial por temor a perder su trabajo en el país con la mayor tasa de desempleo de la Unión Europea. Fábricas y puertos a lo largo y ancho del país estuvieron cerrados, mientras que la televisión y el transporte permanecieron interrumpidos por la paralización que además rechaza las medidas de austeridad del presidente Mariano Rajoy, elegido por mayoría abrumadora hace apenas cuatro meses.

Como es usual en estos casos, los sindicatos convocantes, UGT y CCOO, proclamaron el éxito de la huelga, mientras que el gobierno insistió en minimizar el impacto de la jornada de protesta. Según estos gremios, el paro general alcanzó un seguimiento del 77 por ciento, con una participación especialmente elevada en la industria, la construcción, el sector automotor y el transporte. El gobierno, por su parte, aseguró que el seguimiento fue escaso y "claramente inferior" al que tuvo la anterior huelga general, organizada en septiembre de 2010 contra la reforma laboral del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

La directora de Política Interior, Cristina Díaz, solo admitió un seguimiento relativamente importante en la industria automotriz y en el sector ferroviario, pero no en la administración pública ni en la banca.

Graves incidentes. La policía indicó que al menos 200 personas fueron detenidas por incitar a la violencia. Los peores disturbios se desarrollaron en Barcelona, donde la policía cargó enérgicamente contra manifestantes que quemaron contenedores y neumáticos y destrozaron vitrinas de algunos comercios y sucursales bancarias. Grupos de manifestantes presionaron a los negocios que estaban abiertos pese al paro. Los activistas se congregaron en las principales ciudades portando banderas rojas y pegando carteles en las vidrieras con la leyenda "cerrado por huelga". La policía puso barricadas alrededor del Parlamento y de otros edificios públicos y arrestó a dos centenares de personas, muchas de las cuales intentaron evitar que empleados cruzaran las líneas de piquetes para acudir a sus lugares de trabajo. Hubo al menos 50 personas heridas, en su mayoría policías.

Los cien días. La huelga general se llevó a cabo el mismo día en que Rajoy cumplió los primeros 100 días de su mandato. Con esta acción de protesta, los sindicatos expresaron su rotundo rechazo a una reforma laboral que facilita y abarata los despidos y permite a las empresas en dificultades rebajar los sueldos y modificar la jornada de trabajo sin acuerdo con los sindicatos. El gobierno espera que a medio plazo la reforma facilite las contrataciones y reduzca el abultado desempleo en España, que afecta actualmente a unos 5,3 millones de personas. Los gremios, por el contrario, prevén una destrucción aún mayor de puestos laborales y denuncian lo que consideran un "brutal" ataque a los derechos históricos de los trabajadores y el mayor retroceso social en España desde la restauración de la democracia tras el fin de la dictadura franquista (1975).

España se acerca actualmente a su segunda recesión desde 2009 y algunos observadores esperan que al menos otro millón de personas se sumen a las ya enormes filas de desocupados. El índice de desempleo de los españoles alcanza un 23 por ciento y es la más alta de la UE, mientras que casi la mitad de los menores de 25 años no puede encontrar trabajo.

La ministra de Trabajo, Fátima Banez, sostuvo ayer que la agenda de la reforma era "imparable". La presencia policial fue particularmente intensa alrededor del Parlamento, donde los legisladores debatían medidas para ayudar a los endeudados gobiernos locales y regionales.

Los españoles han sido en su mayoría tolerantes a los esfuerzos de Rajoy por reformar el mercado laboral y cumplir con las estrictas metas de déficit impuestas por la UE para garantizar que no se produzca una crisis al estilo de Grecia. El sector empresarial calificó el paro de "eminentemente político" y denunció que la protesta "daña los intereses económicos de España y su imagen internacional".

Miedo a perder el empleo. Muchos trabajadores tenían miedo de perder sus trabajos o no estaban dispuestos a ceder los 100 euros promedio que serán descontados de sus sueldos por participar la huelga. Mientras numerosos españoles luchan por proteger sus trabajos, otros con contratos cortos -habitualmente de seis meses- temen que sus empleadores no les renueven sus puestos. Menos de un quinto de los trabajadores están actualmente afiliados a los dos principales sindicatos y muchos sienten que no representan a la clase trabajadora. "Mucha gente de hecho culpa a los sindicatos en parte por la rigidez del mercado laboral y la falta de competitividad, por lo cual no están exactamente en la posición de convocar a muchas personas y el apoyo a la huelga refleja eso", opinó David Bach, analista político de la escuela económica IE de Madrid.

Demanda energética. La huelga interrumpió la producción en fábricas desde Barcelona, en el norte, hasta Cádiz, en el sur, con gremios reportando cierres totales en General Motors y Renault. El gobierno, no obstante, dijo que la demanda de energía eléctrica sólo mermó un 15 por ciento. Empleados del transporte, en tanto, ofrecieron servicios mínimos tras un acuerdo sellado previamente, lo que significó que uno de cada cuatro colectivos y un tercio de los trenes de metro y locales operó casi con normalidad. Además, la mayoría de vuelos domésticos y europeos estuvieron interrumpidos, aunque los servicios de larga distancia fueron normales.

El fútbol no para

El fútbol español permaneció ayer ajeno al paro y los equipos se entrenaron con normalidad. Las principales ciudades presentaron un aspecto similar: comercios cerrados, tráfico insufrible, manifestantes, sindicatos engordando cifras, el gobierno rebajándolas. Lo que no cambió fue el panorama de los campos de entrenamiento, llenos de jugadores. Era lo previsto incluso por los gremios, que ofrecieron una solución original: aceptar que los jugadores entrenasen, pero a puertas cerradas. Una “huelga a la carta”, podría decirse.

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