Espacio público y trabajo
Existe, ampliamente instalada en la sociedad, la distorsionada concepción que el espacio público es aquel que no es de nadie cuando, en realidad, es aquel que es de todos. Atribuyo esa idea falsa a la mala fe de muchos que, disfrazando su accionar bajo esta falacia, aprovechan para apropiarse de diversas cosas cual si fueran cosas de nadie.

Viernes 29 de Julio de 2011

Existe, ampliamente instalada en la sociedad, la distorsionada concepción que el espacio público es aquel que no es de nadie cuando, en realidad, es aquel que es de todos. Atribuyo esa idea falsa a la mala fe de muchos que, disfrazando su accionar bajo esta falacia, aprovechan para apropiarse de diversas cosas cual si fueran cosas de nadie. Esta breve introducción en términos legales viene a tono a propósito de muchos puestos de ambulantes que se instalan en lugares absolutamente inapropiados. Y ojo, que no quiero dejar a nadie sin trabajo, sino, simplemente, proponer un reordenamiento o reubicación, a fin de facilitar la vida de los peatones que, hasta el momento, nos vemos en la obligación de ir sorteando obstáculos en nuestro andar. El caso más notable y que me despierta mayor interés, es el de calle Sarmiento entre Córdoba y Rioja. Justamente en la esquina, casi en la puerta principal de Falabella, se ha instalado, hace ya tiempo, un vendedor que monta todos los días una verdadera juguetería. Para quien viene caminando desde el lado de Córdoba, el tránsito por la vereda está totalmente cortado, debiendo desviarse si su intención es seguir por la calle Sarmiento. Un poco más adelante, un señor o una señora, instalan sobre un conjunto de cajas de cartón, una completa exposición de camisetas y chombas, justamente a la altura de la cola de taxis en la parada correspondiente. Por último, a veces, un vendedor de fantasías enchapadas en oro, completa el tortuoso recorrido, ya complicado de por sí dado el enorme flujo de gente que por allí transita durante las horas del día. Yo soy una señora de 91 años que camina dificultosamente con la ayuda de un bastón y de este modo se me hace más largo y peligroso el trayecto, como también le sucederá a tantos otros que están en mis mismas condiciones, a quienes circulan en silla de ruedas o a quienes arrastran un cochecito de bebé. ¿No podrá la GUM reubicar a estos ambulantes en lugares más apropiados, desobstruyendo así una de las principales arterias del centro?

Ana María Gigena, DNI. 3.411.210