Jueves 29 de Noviembre de 2012
Un "automatófono no automático" que explora los límites de lo ejecutable y busca una solución a la crisis de una institución en vías de extinción: la orquesta. Desde el martes estuvieron armando un complejo montaje de una singular máquina musical desarrollada y construida por los músicos Wilhelm Bruck y Matthias Würsch en base a la partitura y el concepto del compositor argentino-alemán Mauricio Kagel. "Dos hombres orquesta" se presentará hoy, mañana y el sábado 1º de diciembre, a las 21, en el Teatro Príncipe de Asturias (Centro Cultural Parque de España - Sarmiento y el Río Paraná) con entrada gratuita.
Wilhelm Bruck y Matthias Würsch vienen de hacer cuatro exitosas funciones en la Sala Bicentenario del Teatro Colón. "No tocamos una partitura convencional. Nada más hay cuatro secciones, melodías y después transposiciones. Sin repetición no hay música. Acá son fundamentales los movimientos de las partes del cuerpo: la cabeza, el brazo izquierdo y el pie derecho. También tocamos con las manos, la cabeza y jalamos cosas. Los instrumentos deben ser de orquesta, cuando uno escuche debe dar la impresión de que está sonando una orquesta", explica en "alemañol", Wilhelm Bruck a Escenario.
DELIRIO. Wilhelm es guitarrista pero en el show toca, además de sus numerosas guitarras, el violín, la tuba y el piano. "¿Quieres ver?", pregunta Wilhelm, que pide que lo llamemos Guillermo (que sería la traducción de su nombre al español). Allí ejecuta el piano de una forma poco usual: dejá caer la tapa donde creó un dispositivo de maderitas que tocan varias teclas a la vez y generan un sonido estruendoso. A la izquierda hay un tornillo gigante, larguísimo, el cual Wilhelm fricciona contra una madera para crear un sonido, por cierto, rarísimo. A la derecha de ese artefacto, muestra un serrucho con mango naranja. Parece un delirio, pero no lo es. Cada movimiento está cuidadosamente pensado y maniobrado a la perfección en el momento indicado. Nada está librado al azar. "No improvisamos porque sería imposible no organizarse con tantos instrumentos juntos", destaca el músico.
Pero lo más sorprendente está por verse: Wilhelm se sienta frente a una máquina de coser y empieza a apretar el pedal, como una ama de casa cosiendo. Pero el objetivo no es confeccionar un vestido, sino crear el sonido de un violín, que es ejecutado a través de una cuerda que sale pedal hasta llegar a la varilla y ésta al violín. El resultado es el mismo que si se tocara manualmente: la exquisita y dramática melodía violinística.
La particularidad es que cada uno de los "hombres orquesta" se queda durante toda la función sentado en su banquito y no se levantan de allí en ningún momento. "Por lo tanto, estás obligado a jalar o utilizar palos para llegar a ciertos instrumentos que están a varios metros de uno. Como por ejemplo, esa máquina de maracas (señala)". El cien por ciento de la maquinaria fue construida por los músicos Bruck y Würsch, "salvo algunas cuestiones de herraje y carpintería". "Hay que tener habilidad e interés para lograr hacer esto", destaca el alemán.
SALCHICHAS, SAL Y PIMIENTA. La idea de hacer un artefacto de esta magnitud fue concebida por el músico argentino-alemán Mauricio Kagel entre 1971 y 1973 para ser ejecutada por dos "hombres orquesta". La obra es al mismo tiempo una pieza musical y una monumental instalación sonora y visual. "Es muy para el ojo, porque todo lo que sucede es muy impresionante", anticipa Wilhelm. "Kagel es el creador del concepto. Sucede como a la hora de hacer una comida: las zanahorias, las salchichas, el pescado, la sal y la pimienta ya existen, pero es el cocinero quien debe mezclar los ingredientes y crear el plato final". Kagel es considerado precursor de la experimentación electroacústica y el exponente más importante del llamado "teatro instrumental". "No somos actores, sí somos músicos". Incluso, armando la instalación se lastiman los pies o las manos. "Es que somos los únicos que saben cómo puede funcionar esto, siempre la armamos nosotros", aclara "Guillermo".
DOSCIENTOS. La realización de la obra exige de ambos intérpretes el montaje y el dominio de una máquina orquestal de alta complejidad, compuesta por unos 200 instrumentos y artefactos sonoros enteros, intervenidos, caídos en desuso o incluso defectuosos. El material melódico, armónico y rítmico, y los modelos de secuencias motoras que se ofrecen en la partitura abierta de Kagel, se acomodan al proceso de edificación instrumental para confluir en una construcción sonora que sintetiza la doble aparición de escultura cinética y obra musical. Dado que la máquina fue construida en función de la masa corporal de los intérpretes, su concepción explora principios de la construcción de herramientas, leyes del movimiento humano y los límites de la ejecución de instrumentos. "No podría entrar otra persona en mi silla, está especialmente construido para mi cuerpo".
Hay que verlo para entenderlo, o no. Este exótico espectáculo ofrecerá su primera función de setenta minutos hoy y Wilhelm asegura su éxito: "Estoy completamente seguro que van a estar muy interesados. En cada lugar que hemos tocado se quedan asombrados mirando la instalación. Los empleados del teatro Colón le sacaban fotos y hasta nos pidieron ver el ensayo general".