Lunes 05 de Julio de 2010
Quiero expresar la profunda tristeza e impotencia que sentí al recibir del colegio católico al que envío a mi hija adolescente la carta de la Red Familia Rosario, solicitando las firmas para presentar al Congreso para la no sanción de la ley de matrimonio entre personas de un mismo sexo. Este plebiscito silencioso al que someten a nuestros hijos y familia no es lo que yo esperaba del espacio que elegí para que eduquen a mi hija. Creí, como bautizada y creyente que soy, que tanto la escuela como la Iglesia eran los espacios donde se recibe a todos, donde se ama a todos, donde se tolera a todos. Creí que la escuela enseñaría no sólo conceptos enciclopédicos, sino que impartiría a mi lado el reconocimiento del prójimo, la idea de que existe alguien más que uno mismo y que debe ser respetado, reconocido, amado tal como es. Esas son las enseñanzas de Jesús, nadie queda afuera del amor de Dios. Cada uno podrá pensar como quiera y como pueda. Nosotros como familia creemos, soñamos, con una sociedad mejor, más justa, con espacios para todos y respeto por cada uno. Somos un todo, no podemos dejar afuera a algunas de las partes, porque esta actitud es la que enferma al cuerpo social. Espero y deseo que esta sociedad avance hacia la formación de ese hombre nuevo que integre, respete y comparta con todos los hermanos. Porque en definitiva, eso es lo que somos.
Fabiana Quacesi, fabianaquacesi@hotmail.com