Jueves 06 de Diciembre de 2012
El brillo que vi hoy en los ojos cansados de un jovencito de veinte años (apodado ‘Hormiga negra"), que viene todos los días a la puerta de mi casa a pedirme algo de dinero u otra ayuda, me obliga a escribir esta nota que, usted, señor/a lector/a está leyendo. El joven al cual me refiero, viene de hacer un tratamiento por adicción a las drogas en un hospital público, provisto de una medicación que debe tomar diariamente, y de un turno para regresar pronto a control. Junto a la ropa vieja y casi rota que viste, es todo lo que posee. Pero no haga caso a esto, sino a sus carencias, las que mencionaré a continuación. No posee una familia que lo contenga, que le brinde afecto ni educación; tampoco una casa con mínima comodidad y aseo, ni padres que le brinden la más importante seguridad a la que un jovencito aspira, la de ser amado -simplemente- por ser quien es. Pero lo terrible de esta historia, es que el mencionado hombrecito ya tiene truncado su futuro. Como se pasa todo el día caminando, está estigmatizado por la gente del barrio que lo tilda de ladrón. Rótulo que lo convierte en generador de miedo y desconfianza a todo el que lo encuentra en su camino. Por lo que considero conveniente, que se sepa qué es lo que roba y para qué. Principalmente, roba plantas para venderlas y poder comer con el poco dinerillo que obtiene. Como no puede conseguir trabajo en razón de su ennegrecido "currículum", trata de sobrevivir como puede, y cuando las fuerzas se le agotan, busca refugio en la droga, el estremecedor calmante de su angustia y su miseria. A todo esto, aclaro que no se trata de un joven violento con la sociedad. No es asaltante ni maneja armas de fuego ni cortantes. Tampoco es agresivo de hecho ni de palabras. Es, en síntesis, un emblema de tantos otros "Hormiga negra" que deambula por las calles de nuestra bendita tierra, sin posibilidad alguna de trabajar ni estudiar, acuciados por las necesidades y la desesperanza. Es el hombre del mañana; un esclavizado en libertad; un fruto de nuestro tiempo; una puerta abierta a la delincuencia; un cero más de tantos que maneja el gobierno argentino, pero ubicado fatalmente a la izquierda de sus cuentas.
Daniel Chávez,
DNI. 12.161.930