Escenografía repetida
Como afirma la arcaica sentencia "nada hay nuevo bajo el sol", y esto de los recientes ataúdes ya ha tenido su correlato en 1960 cuando Newell’s descendió al Campeonato de Primera "B".

Martes 31 de Agosto de 2010

Como afirma la arcaica sentencia "nada hay nuevo bajo el sol", y esto de los recientes ataúdes ya ha tenido su correlato en 1960 cuando Newell’s descendió al Campeonato de Primera "B". Por entonces, yo era tan solo un adolescente y con el papá y dos amigos de la misma edad, en la camioneta de aquél, fuimos hasta Arroyito a ver el "partido clásico", que por otro lado y aludiendo a las casualidades, el conjunto del Parque fue vencido por un resultado abultado. Pero aquí viene lo más interesante de la narración. Cuando aún estaba por culminar el partido entre las reservas, y ya las tribunas estaban totalmente colmadas, en el corredor tipo playón debajo de la popular donde se encontraban todos los simpatizantes del equipo rojinegro, y nosotros por supuesto también, aparecen unos tipos vestidos de sepultureros con candelabros y velones encendidos en sus manos, trasladándose por delante y por detrás de un cajón negro e inclusive portando en el mismo a otro personaje vestido con la indumentaria deportiva rojinegra. ¡Para qué! Comenzaron a llover desde la tribuna cientos y cientos de botellas de vidrio, que se hacían trizas contra el piso y el alambrado perimetral del campo de juego. Por supuesto que se armó "un desbande general", y para colmo los pícaros de la barra que eran como cincuenta "en esa puesta en escena auriazul", agarraban los trozos de botellas rotas y las volvían a arrojar hacia arriba. Imaginen ustedes el resto cuando aparecieron en el cuadro los milicos del escuadrón arriba de los caballos, repartiendo sablazos a diestra y siniestra. No obstante y a pesar de todo, la cosa no pasó a mayores, y si bien es cierto que quedaron varios ensangrentados, finalmente "el clásico" se jugó sin inconvenientes.

Felipe Demauro