Domingo 31 de Marzo de 2013
Los protagonistas de "Guardapolvos..." pasan la mayor parte de su vida en sanatorios y hospitales. Martín De Ambrosio, el periodista que investigó sobre los vínculos íntimos y las relaciones sexuales en este ámbito asegura que "son lugares de encierro, pero con poros que permanentemente exudan; una comunidad particular, en constante contacto con los cuerpos".
El libro, compuesto por relatos de hombres y mujeres que trabajan instituciones de salud refleja sin tapujos como las guardias o las habitaciones (hasta las salas de terapias intensivas) pueden transformarse en un verdadero paraíso sexual en medio del trabajo agotador, siempre ligado con la enfermedad y muchas veces con la muerte.
Algunas de las "revelaciones" de la publicación:
Las enfermeras y médicas consultadas aseguran que los cirujanos son los más mujeriegos. Sus colegas los describen como "los peores" porque tienen "sexo con todas". Administrativas, instrumentistas y especialistas suelen caer en las "redes" de estos profesionales que no tienen horario fijo y por lo tanto gozan de mayor libertad en sus hogares. También los señalan como los que mayor poder ejercen.
Los traumatólogos son los galanes típicos, según los testimonios. En tanto, los médicos clínicos son los más insistentes a la hora de intentar generar un encuentro íntimo.
Los terapistas merecen un capítulo especial. El agotamiento y la cercanía con la muerte les generan un aumento de la libido. "En las guardias se tiene mucho sexo", afirman las enfermeras.
"Guardapolvos..." también derriba algunos mitos. Los ginecólogos, por ejemplo, no son los más audaces a la hora del sexo. "Están aburridos, por eso los seduce más un escote, una buena calza, o la insinuación, que la cosa directa y burda". En una fiesta, "si hay ginecólogos o pediatras, no es tan divertida como cuando hay cirujanos", se describe entre tantos casos que aparecen en el libro.