"Es de los chicos pero nos enseña"
"Nuestros abuelos: la cordobesa Auristela Maldonado y el mapuche Luis Porfirio, llegaron a Ushuaia en 1946. Venían desde la isla de Chiloé en compañía de sus hijos Benedicto, Anselmo y Angela", indican Mónica y Nidia Alvarado.

Lunes 19 de Septiembre de 2011

"Nuestros abuelos: la cordobesa Auristela Maldonado y el mapuche Luis Porfirio, llegaron a Ushuaia en 1946. Venían desde la isla de Chiloé en compañía de sus hijos Benedicto, Anselmo y Angela", indican Mónica y Nidia Alvarado. Habitaron una pequeña casa, en la llamada Quinta 30, de unas cinco hectáreas.

La abuela cuidaba a los hijos de un militar y el abuelo era mecánico de Vialidad. "Como todos los inmigrantes, cosechaban repollos, lechugas, zanahorias y papas. Ella hilaba lana, tejía, amasaba pan, criaba gallinas, patos, cerdos y alguna oveja", reseña el sitio http://bosqueyatana.com.ar de la Fundación Cultivar.

En 1978, ante el conflicto con Chile por la soberanía de las islas entre el canal de Beagle y el cabo de Hornos, el gobierno militar suspendió garantías y eliminó la ley veinteañal, por lo que muchos vecinos perdieron las casas que habitaban.

Rosario López, madre de Mónica y Nidia, retomó la lucha de sus padres y comenzó el conflicto entre el Estado y la familia por la titularidad de la tierra. En tanto, el terreno quedó abandonado y se transformó en un basural donde se realizaban también extracción clandestina de madera y consumo de alcohol y drogas.

Rosario murió en 1997 (a los 55 años), sin lograr el reconocimiento de las mejoras y pago de impuestos durante unos 30 años. Hoy, Mónica resalta el apoyo y fortaleza recibidos por parte de Francisco Melo Nahui Mazatl, "un guía espiritual de origen nahua (México), que recorrió el continente".

El proyecto Yatana fue aprobado por los ediles en 2004. Entonces surgió Cultivar y "hoy el bosque está en comodato con la Municipalidad, por 15 años, de los cuales ya corrieron 7. Con mi familia habíamos decidido "no tomar el camino que va al juzgado para exigir un título de propiedad, y sí tomar el camino de Yatana", sostiene Mónica.

"Yatana es la sonrisa de cientos de niños que cada año vienen a compartir momentos de alegría aprendiendo del bosque comunitario, que nos enseña a todos", afirma Mónica.