Es lo que hay
Me niego a aferrarme a esta frase que está tan en boga: “Es lo que hay”. Qué nos pasa a los argentinos, que contando aún con un nivel intelectual muy respetable, en modo especial en las clases...

Viernes 09 de Mayo de 2014

Me niego a aferrarme a esta frase que está tan en boga: “Es lo que hay”. Qué nos pasa a los argentinos, que contando aún con un nivel intelectual muy respetable, en modo especial en las clases sociales intermedias, aceptemos que los  políticos y funcionarios no aporten un proyecto coherente en bien de la sociedad. Estos señores a los que hemos elegido para representarnos no poseen ideas para que vivamos mejor. Yo, como ciudadano común,  les voy a arrimar algunas: en principio, sus sueldos y jubilaciones de privilegio deberían reducirse a por lo menos una quinta parte en todos los estamentos de la Nación. En segundo lugar,  instalar la capital del país en alguna provincia del centro. De este modo se abriría el juego, hablando en términos comprensibles, para descomprimir tanta gente del interior que ha venido a ciudades del Gran Buenos Aires y Rosario, donde sus sueños de progreso sólo se han trasladado a fomentar innumerables villas de emergencia. Es necesario que retornen a sus lugares de origen, otorgándoles trabajos dignos en fábricas, carreteras, vías férreas u obra pública, a construir por ellos mismos con ayuda del gobierno. Es mentira que no se poseen recursos suficientes. Y finalmente,  se debe erradicar para siempre la corrupción imperante, uno de nuestros problemas más difíciles. La cuestión pasa por elegir a alguien que por fin otorgue un castigo ejemplar a quienes se compruebe que han delinquido, porque es verdad que Argentina, como dice el famoso eslogan, “es un país con buena gente”, pero  no pretendan tomarnos por estúpidos.

Felipe Demauro