Lunes 18 de Marzo de 2013
El de Jorge Araujo fue el cuarto homicidio en lo que va de 2013 en el que la víctima es asesinada por ladrones que le quieren robar la moto en la que circula por alguna calle rosarina. De estos hechos, tres fueron perpetrados en presencia de las respectivas parejas de las víctimas. Asimismo, en dos de ellos los robos finalmente no se concretaron.
El primero de estos hechos ocurrió el pasado 6 de enero en La Paz al 1700, cuando Cristian Gabriel Rodríguez esperaba junto con su esposa que unos amigos a quienes habían ido a visitar les abrieran la puerta. Ese domingo, alrededor de las 11 del mediodía, dos adolescentes aparecieron a bordo de una bicicleta y amenazaron al hombre de 38 años para que les entregara su moto.
Rodríguez se resistió y comenzó a forcejear con uno de los delincuentes hasta que un disparo de arma de fuego le perforó el páncreas, el hígado y el bazo. Los ladrones huyeron sin llevarse el rodado y la víctima agonizó durante veinte días en el Hospital Clemente Alvarez donde falleció.
El jueves 31 de enero, alrededor de las 22, Marcelo Fabián Arce circulaba en su moto Honda Twister negra junto con su pareja por Juan B. Justo al 7700. A tres cuadras de su destino, una moto con tres ocupantes le salió al paso y uno de ellos le exigió a Arce que le entregara su rodado. El hombre de 42 años se resistió y el ladrón le disparó a los pies y luego le tiró al pecho. Arce murió en el lugar y los agresores huyeron sin llevarse su vehículo.
El caso de Lautaro Maximiliano González, ocurrido el pasado 10 de febrero, fue distinto. El muchacho de 20 años se encontraba con un amigo en el barrio Tío Rolo buscando la moto Guerrero Trip 110 centímetros cúbicos que le habían robado durante la mañana en inmediaciones del club de rugby Duendes. Armado con una escopeta, el joven tenía información sobre el lugar en el que presuntamente estaría su vehículo.
Según se indicó en ese momento, el muchacho llegó hasta un asentamiento ubicado en Medina al 6500 y comenzó a pedir por su moto a los gritos. Entonces apareció un hombre joven montando un caballo que le pidió a González y a su amigo que guardaran la escopeta. Lautaro bajó el arma y quedó esperando una respuesta en la puerta del pasaje que se interna en la villa.
Pero minutos después volvió el hombre de a caballo y al ver que González aún conservaba González la escopeta le gritó: "Gordo, te dije que guardes eso". Acto seguido desenfundó un revólver grande y cromado, y le disparó a la víctima.