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Es ciego y no lo dejaron alojarse en Córdoba con su perro guía

Maximiliano Marc convive con un lazarillo desde hace cuatro años. Impulsó la reciente ley provincial y ahora milita por una norma nacional.

Viernes 25 de Enero de 2013

Tan injusto y ridículo como decirle a quien no puede caminar que entre a un lugar pero sin su silla de ruedas. O a alguien que no oye que ingrese sin su audífono. Una situación similar vivió la primera quincena de enero Maximiliano Marc, un muchacho ciego, de 41 años, a quien en varios hoteles de Carlos Paz y de la capital cordobesa le negaron la reserva de alojamiento cuando aclaró que iría acompañado (como desde hace cuatro años) por Bandit, un labrador negro, su perro guía.

El joven asentó su denuncia en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) de Córdoba porque hay una ley provincial que ampara su pedido.

"Ningún funcionario me llamó para disculparse, sólo el presidente de la cámara de hoteleros. No busco ningún tipo de resarcimiento económico. Sólo quiero que los legisladores se pongan a trabajar en serio en una ley nacional de animales de asistencia, así gozamos de un derecho constitucional como el de la libre circulación y no nos obligan a los ciegos a buscar un mapa y ver a cuál de las pocas provincias donde existe la norma y se aplica (ver aparte) podemos viajar", reclamó.

Maximiliano y un amigo, Patricio, también ciego pero que va por la vida con su bastón blanco, eligieron viajar a Córdoba por varias cuestiones del orden de lo sensitivo.

"Para alguien que no ve, un lugar con subidas y bajadas, olores bellos y un clima benigno no es poca cosa", dijo Maximiliano, quien aclaró que, como todo turista, llamó a una decena de hoteles de tres estrellas en Carlos Paz y en todos lados le contestaron "con el perro, no". Cansados de tanta cerrazón, él, su perro y su amigo intentaron hospedarse en la ciudad de Córdoba. "Pero tampoco tuvimos suerte. Entonces, nos alojó una amiga", contó.

Los problemas no terminaron allí: cuando quiso viajar desde la capital mediterránea a Carlos Paz en colectivo, presentó su Certificado Unico de Discapacidad (CUD), otorgado en Santa Fe, pero le dijeron que no le servía. Debió entonces destinar una mañana de sus vacaciones para tramitar uno cordobés.

"Una ridiculez. Todas las personas con discapacidad tenemos un CUD que, entre otras cosas, nos posibilita viajar gratis, pero Córdoba, una provincia netamente turística no lo reconoce, me obliga a tramitar uno y me piden domicilio allí para lograr el beneficio", se indignó.

A través de Jorge Pomponio, presidente de la Asociación Hotelera de Carlos Paz, Maximiliano se enteró que por su caso la entidad envió una copia de la ley a todos los empresarios del sector.

Maximiliano no se calló, no sólo porque milita desde la primera hora por una ley de perros guía sino porque cursó varios años la carrera de turismo antes de quedarse ciego y sabe bien cuáles son sus derechos. Y los detalla, tanto como las características de la enfermedad que lo hace vivir siempre de noche, desde hace once años.

"Perdí la vista por una retinitis pigmentaria, una patología genética en la que las células de la retina se suicidan en masa, una enfermedad morbosa porque se va quedando con tu campo visual: en un momento podía llevarme puesta una cabina de teléfono pero veía un pelo en el hombro de alguien; perdés de ver el centro del foco pero no la periferia y acomodás tu rostro para mirar, como un pescado". Brutal, pero claro.

Actualmente este muchacho estudia psicología y también se dedica a dar charlas sobre los animales de asistencia por todo el país. Dice que cuando en el 2011 no lo dejaron subir a un colectivo de la Semtur en Rosario y denunció el hecho, se puso "la campaña al hombro". Recordó que el año pasado viajó a 43 localidades de siete provincias por ese motivo.

"Recorrí 250 mil kilómetros, voy gratis, sólo pido que me paguen los viáticos. Y es para destacar que el año pasado, invitado por el municipio también de Córdoba, no pude alojarme más que en un hotel de cuatro estrellas, sobre La Cañada, que fue el único lugar que aceptó mi entrada junto a mi perro. Claro, ese hotel yo no podría pagarlo, lo pagó el municipio", confesó.

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