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Era bronca pero fue festejo

El recuerdo de aquel partido en Florencio Varela en el que tuvo tres veces el marcador a su favor y las tres veces se lo empataron se pegó un vuelo rasante por el Gigante

Domingo 12 de Abril de 2015

Era un triunfo holgado desde el juego, pero ajustado desde el resultado, que no se podía escapar. Pasó a ser un partido en el que la apatía, la falta de puntería, la mala suerte o vaya a saber qué cosa privaba a Rosario Central de dos puntos que merecía largo y tendido. Terminó en una fiesta, con el cabezazo del Flaco Donatti en la agonía, sepultando esa falta de reflejos que tuvo Central para proclamar la sentencia como para defenderse en la única pelota más o menos clara por parte de San Martín de San Juan.

El cabezazo de Pumpido hizo echar mano a la memoria. El recuerdo de aquel partido en Florencio Varela en el que tuvo tres veces el marcador a su favor y las tres veces se lo empataron se pegó un vuelo rasante por el Gigante. Y en todo ese momento lo que se instaló fue la imposibilidad de explicar por qué Central se aprestaba a otro acto de beneficencia. Porque era a lo que se encaminaba si no aparecía ese testazo salvador de Donatti.

La muestra de carácter de Central fue evidente. Claro que otro comportamiento no le cabía, más teniendo en cuenta los méritos que había acumulado de principio a fin. Pero de ninguna manera esa bandera del convencimiento puede desconocer que hay comportamientos a los que se le deben dar tanta cabida.

Haber dejado dos puntos en camino hubiese sido una injusticia tremenda. Difícil de digerir. Pero a partir de ahí está el aprendizaje del cual amigarse. Porque aquella vez en Defensa y Justicia terminó pagando. Y anoche la taba casi cae otra vez del lado indeseado.

Nobleza obliga, es imposible desconocer que lo hecho con la pelota supera ampliamente a esa poca capacidad de resolución y efectividad cuando el partido lo ameritaba. Porque el Central de anoche fue el más parejo del torneo.

Enorme triunfo de parte del equipo de Coudet. Eso está fuera discusión. Pero lo mejor que le puede pasar al técnico y sus jugadores es que esa sensación de euforia (merecida por cierto) no lo haga olvidar de que a la hora de cerrar un partido lo mejor que puede hacer es meterle candado.

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