Miércoles 04 de Noviembre de 2015
Cuando hace ya dos siglos los pueblos de Europa y de América se levantaron contra el despotismo, no renunciaron a la idea de Estado, pero sí a identificar a éste con el déspota (“el Estado soy yo”). El soberano, dijeron, es el pueblo. Y las personas reclamaron su derecho a diseñar y construir sus vidas y bienes, rechazando la indignidad de pensar que todo lo que tenían se lo debían al autócrata gobernante, dueño y señor de vidas y propiedades. Las constituciones modernas ponen límites al poder, a la vez que reconocen el valor del Estado para asegurar una convivencia ordenada en la que todos, en pie de igualdad, podamos lograr el máximo desarrollo personal. Es cierto que estamos lejos de ese ideal, pero ese era el camino elegido para alcanzarlo. Me parece que en algún punto hemos dado una vuelta en U. Hoy el Estado ya no está al servicio de lo privado. Lo privado es denostado como enemigo de la Nación. Defender la actividad privada ha pasado a ser vergonzante. Pareciera desconocerse que los individuos, los empresarios y comerciantes, los alumnos y maestros de nuestras escuelas de gestión privada, las ONG, las iglesias, las fundaciones y organizaciones sociales construyen nuestra patria con su trabajo diario al igual que quienes trabajan en el sector público. Y que esa diversidad es una fuente invaluable y dinámica de progreso. Quienes trabajan en el Estado, ¿son superiores en inteligencia o virtud a quienes trabajan en el ámbito privado? El empleado público, cuando sale de su oficina y se sube a su auto particular, ¿cambia su esencia? No, claro que no. La dicotomía Estado vs. privado es falsa. El Estado es bueno, y es útil, en la medida en que sirva al desarrollo de las personas. Las personas son la razón de ser del Estado. Y todos somos argentinos. Que no nos “desnacionalicen” por tratar de preservar nuestra independencia y nuestra libertad de pensamiento. Por otra parte, el empleo público, al que todos deberíamos tener acceso mediante mecanismos claros y abiertos, es el espacio en el que abreva el nepotismo y el clientelismo. Así como el empleo privado e independiente es una amenaza para quienes, como el déspota de antaño, quieren someternos a una única voluntad, una administración pública profesionalizada y basada en la idoneidad serviría como límite a la discrecionalidad del poder. Sólo si el empleo depende del poderoso de turno y no del mérito personal, la absurda amenaza de que si cambia el gobierno, los empleados públicos quedarán en la calle puede dar lugar al temor. El empleo público ha sido puesto al servicio de los intereses privados de la clase política, y los empleados públicos son las primeras víctimas de este abuso. Estaticémoslo. Y por sobre todo, no escuchemos a quienes en nombre de una supuesta revolución, pretenden hacernos retroceder 200 años.
Nora María Casiello
DNI 11.752.270
Sobre los viajes de egresados
Creo recordar que en el pasado no había viaje de egresados, sea cual fuese el destino que no contara con el concurso o presencia entre los egresados de cierto numero de padres y/o madres que solían acompañar a la delegación y su sola presencia era garantía de que las cosas serían “normales” mientras durara la excursión; ni hablar si el contingente eran alumnas mujeres en su totalidad. Personalmente, creo que esa “anticuada” norma o costumbre como seguramente hoy los transgresores la llamarían, era algo así como decir “buenos o buenas (los padres) pero no tontos”. Me viene a la memoria hasta qué punto nuestros padres eran previsores de que en nuestro viaje de estudios realizado a Río de Janeiro y San Pablo en donde éramos todos varones (en ese entonces el colegio del que era alumno no era de condición mixta), varios familiares de mis compañeros de curso viajaron con nosotros. ¿Qué control tienen hoy las chicas y chicos que hacen el viaje de egresados? ¿Cuándo hacen la excursión, son o no menores o cambia ese estado? ¿Por qué se sentía mal de salud la joven de San Juan que fue abusada? ¿Por causas naturales o por la ingesta de algún tipo de bebida o sustancia? Es lógico que si no los acompaña algún mayor responsable hechos lamentables como el sucedido con los promotores ahora acusados de abuso terminen siendo una desagradable realidad.
Miguel A. Decunto
Tiempos de cambio
El socialismo se ha desvanecido. Aunque con esfuerzos (que nunca se sabrá si son propios de la democracia) haya retenido la provincia y el municipio de Rosario. Las últimas elecciones han demostrado su total desdibujamiento frente a la opinión popular y la falencia del frondoso aparato político creado en base a los recursos aportados por todos los santafesinos. Durante veinte años he venido advirtiendo a muchos de mis amigos que el socialismo provincial es como una especie de kirchnerismo “chiquito” (nada más que por su escasa inserción territorial). Muchos siguieron votándolos simplemente por representar el “mal menor”. Ultimamente, algunos por fin se han despabilado ante el surgimiento de un nuevo proyecto que a nivel nacional se perfila como el verdadero cambio en la política de nuestro país. Estamos viviendo una época en la que se esfuman los fundamentalismos políticos; así como lo fue el kirchnerismo, lo mismo le pasa al socialismo, que absolutamente carente de soluciones para el problema de la seguridad, que es sin dudas el más agobiante, ha sido opacado para siempre en las elecciones del 25 de octubre. Sus principales referentes, que públicamente han manifestado que “no votarán a la derecha”, han perdido el rumbo y dejado de ser útiles a la voluntad popular; han quedado aferrados a un neolítico político que ya no gobierna en el mundo civilizado. El radicalismo provincial no es ajeno a la epopeya socialista, y sus principales “besamanos”, a través de años, han producido la extinción del centenario partido en la provincia. Aquella UCR que gobernó la ciudad de Rosario y supiera ganar numerosas localidades provinciales se ha visto devastada por mediocres dirigentes perpetuados en cargos de segunda línea y menor importancia; migajas con las que el socialismo ha premiado su obsecuencia. Traicionando a su propia tropa, el ex candidato a senador nacional, Hermes Binner, repartió tijeritas para que lo voten a él, dejando a la deriva a su compañera de trinchera, Margarita Stolbizer. Así le fue. De todos modos es mejor; de haber ganado, hubiera sido un voto más en el Senado para la hegemonía de la vergüenza nacional.
Carlos Cambiaso Picasso
DNI 6.052.133
Un número menos
Me gustaría poder hacer entender a la multitud que un policía caído es quien saca lo mejor de sí mismo. Aún encontrándose en desventaja o superado, logra poner su piel al descubierto encontrándose cara a cara con el peligro. A veces, el destino nos toma por sorpresa y estamos fuera de nuestro horario de trabajo sin las protecciones que nos brinda el Estado, y sin embargo nos gana el sentimiento del deber, porque nuestros allegados y seres queridos piensan que somos héroes, y actuamos midiendo las consecuencias para los terceros con el único afán de hacer cesar el delito. Pero, señores, acá se termina el cuento cuando el único sentimiento que afrontamos todos los días es prometerles a nuestros hijos que vamos a volver a verlos, egoísta o no, es una promesa que hace un padre o un hijo. ¿Acaso no sabe la sociedad que también somos padres, hijos, tíos de alguien, que somos el único sostén, que el sentimiento del deber es muy grande el cual compartimos con personas con sano orgullo de ser policía? Sin embargo, nos tratan como si en nuestro trabajo fuera obligación morir. No señores, me gustaría saber si en algún otro trabajo afrontan una situación en la cual la otra persona quiere obligadamente asesinarte, dudo mucho que un delincuente armado quiera sólo golpearnos o amenazarnos, por eso mi más especial honor y condolencia a los familiares de los efectivos policiales y queridos compañeros que pagaron el más alto precio en funciones del deber.
César Redigonda
DNI 30.169.158
Me está gustando mi Argentina
Ha sucedido algo muy bueno en nuestro país y resulta interesante analizar por qué. ¡Aprobaron el ingreso de la droga que faltaba para la cura de la hepatitis C! Desde el año 2012 cuando vimos que el Anmat dilataba este ingreso que cientos y cientos de personas necesitaban con urgencia, declaramos una batalla persistente, inagotable, por momentos un tanto eufórica, aunque siempre dentro de los términos de la democracia. Y así, mancomunadamente, la Aaeeh (Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado), la Fundación HCV Sin Fronteras, el Grupo Hepatitis Rosario y los restantes 12 grupos argentinos, pedimos, explicamos, insistimos para que se comprendiera que las hepatitis virales crónicas, que son la cuarta causa de muerte en el mundo (OMS), ocuparan en la política de salud de nuestro país el lugar que le correspondía. Y como ven, lo estamos logrando porque somos como pequeñas hormiguitas que marchan ininterrumpidamente detrás de un firme propósito, sin importarles lo difícil del sendero. ¿La verdad? La verdad es que así, me está empezando a gustar mi Argentina.
Edith Micheloti
Verdad, hay que tener memoria
El gobierno nacional proclama que hay que tener memoria para decidir a quién votar el próximo 22 de noviembre. Me parece muy bien. Los santafesinos debemos recordar que el gobierno kirchnerista siempre nos discriminó muy negativamente llevándose miles de millones de pesos de nuestra provincia en concepto de retenciones e impuestos varios, y nos devolvió migajas miserables. Recordemos también que los Kirchner apoyaron con gran entusiasmo a Carlos Menen y Domingo Cavallo (privatización de YPF, entre otras) y que Daniel Scioli fue funcionario del riojano (Deporte y Turismo). Recordemos que los kirchneristas Juan Manuel Abal Medina, Nilda Garré, Diana Conti, Debora Giorgi, Alicia Castro, entre otros, fueron funcionarios del gobierno de la Alianza durante la presidencia de Fernando de la Rúa. Recordando todo eso el domingo 22 seguramente la gran mayoría de los santafesinos no votaremos a Daniel Scioli.
Juan Carlos Belligotti
DNI 6.246.832
Venado Tuerto
Los sciolistas santafesinos
Atento a las últimas declaraciones de los dirigentes socialistas Antonio Bonfatti, Hermes Binner y otros, respecto de las elecciones del 22 de noviembre próximo, en el sentido de mandar a no votar a Macri, les sugiero que a la palabra “socialistas” le supriman la letra “o” y reemplacen la primera letra “a” por una “o”. Ello los convertirá en sciolistas, y por una vez en la vida, les dará coherencia.
Roberto Meneghini
DNI 6.069.678