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Entre fábricas y talleres, Rosario fue vanguardia de la lucha obrera

Historia económica regional. A principios del siglo XX, la ciudad protagonizó grandes huelgas de la mano de una clase trabajadora que reclamaba por sus derechos.

Domingo 20 de Enero de 2013

Sobre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el estado argentino orientó buena parte de sus esfuerzos institucionales y políticos hacia la consolidación de un modelo de desarrollo económico atado a la idea de progreso y sometido a las reglas del capitalismo internacional de mercado.

Buenos Aires ya se había afianzado como la gran capital de la nación, mientras que las corrientes migratorias europeas poblaban las ciudades más grandes y expandían la frontera agrícola a base de nuevas colonias en el centro del país.

El gran movimiento comercial, la construcción de grandes obras de infraestructura como puertos y ferrocarriles, y la explosión agropecuaria cada vez más intensiva de las amplias zonas pampeanas repercutieron en las ciudades más grandes como Rosario, donde los talleres, las fábricas y los sectores comerciales y de servicios se multiplicaron en pocas décadas.

Sobre ese terreno, se generaron las condiciones para el surgimiento y la consolidación de una masa obrera de dimensiones muy importantes con una fuerte concentración en el sur de la provincia.

Según escribe Agustina Prieto en el tomo I de "La historia de Rosario", a partir de 1890 las palabras trabajador y obrero adquirieron connotaciones definidas.

"La aceleración del ritmo inmigratorio, el establecimiento de fábricas, el surgimiento de ciertos barrios, la creación de sociedades obreras, algunas huelgas y la conmemoración del primero de mayo hicieron que estas palabras identificaran, a partir de ese momento, a un sector específico, aunque heterogéneo, de la sociedad".

Esa gigantesca clase obrera aportaba la fuerza laboral para el despegue de la nueva nación, pero no gozaba de ninguna clase de derechos y dejaba el aliento en jornadas extensísimas que incluían a los niños y a los adolescentes.

En algunos de esos talleres de costura de la zona del centro de Rosario trabajó armando gorros una jovencísima Alfonsina Storni durante los años en los que su familia, en bancarrota y a la rastra de un padre alchólico y depresivo, se instaló en Rosario proveniente de San Juan, primer destino de la familia nacida en la región italiana de Suiza.

La intensa actividad económica del país, que ya se posicionaba fuerte en el tablero mundial de la mano de su perfil agroexportador, contrastaba cada vez más con las degradantes condiciones de vida de millones de trabajadores.

Con este telón de fondo, el cambio de siglo marcaría el momento en el cual las masas obreras dejarían de ser actores en las sombras, para empezar a ocupar espacios cada vez más cercanos al centro de la discusión y a la gran escena pública.

Años de lucha.Tal como señala la historiadora Hilda Sábato en su libro "Historia de la Argentina, 1852-1890", la entrada al siglo XX _caracterizada por la intensa actividad de la prensa política y de los grupos partidarios_ también significó el armado de una "cada vez más densa trama de organizaciones de la sociedad civil".

"A las discusiones que surgieron en torno a los problemas económicos y las relaciones internacionales, se sumaron otras que despuntaron como novedades en el escenario argentino. Así, en 1878, tuvo lugar la primera huelga registrada en nuestra historia protagonizada por la Sociedad Unión Tipográfica, un hecho que inauguró una forma de reclamo y protesta que mas tarde se haría frecuente".

A finales del siglo XIX y principios del XX Rosario, ya con un puerto floreciente y centro de la actividad comercial y manufacturera de la región, se convirtió en el principal escenario del estallido de las luchas obreras.

Tal como consiga Alejandra Monserrat en el tomo "La organización productiva y política del territorio provincial" de la serie Nueva Historia de Santa Fe, la enorme mayoría de los obreros que hacían hervir la ciudad vivían cerca de sus lugares de trabajo, por lo que se concentraban en barrios cuya identidad iba atada a la fuente laboral como Refinería (por la refinería de azúcar) o los talleres del ferrocarril Central Argentino.

Monserrat señala que, en sus inicios, la organización obrera se caracterizó por la conformación de asociaciones de ayuda mutua o de defensa del oficio. En 1892 se creó en la ciudad la Sociedad Internacional Obrera, en su orígen conformada sólo por militantes anarquistas y un pequeño grupo de trabajadores del gremio de los panaderos.

Pero con el correr de los años, el tono de los reclamos obreros fue aumentando, de la mano de la influencia que ejercían sobre los trabajadores la prédica anarquista y socialista que muchos de los inmigrantes europeos habían traído desde sus países de orígen.

En agosto de 1896 tuvo lugar la primera huelga general en la ciudad, que nació a partir del reclamo de los trabajadores ferroviarios de La Plata que pedían una reducción de la jornada laboral. En Rosario, el resto de los gremios apoyó la medida y hubo una paralización completa de actividades durante 48 horas.

Tensión y represión. Otro de los conflictos de gran envergadura que inauguraron el nuevo siglo en la ciudad fue la huelga lanzada por los peones de la Refinería Argentina de Azúcar en 1901. Esa planta, hoy prácticamente borrada por las inexpresivas construcciones de Puerto Norte, ocupaba unos 700 trabajadores y era una de las mayores generadoras de mano de obra de la región.

Los trabajadores de la refinería, como casi todos los obreros de esa época, reclamaban una reducción de la jornada laboral y un aumento de salarios.

A tono con el clima de violencia institucional e instauración del orden estatal que reinaba en esos años, la medida de protesta derivó en violentos enfrentamientos entre los manifestantes y la policía que terminaron con la muerte del obrero de orígen austríaco Cosme Budieslavich, lo que a su vez generó otra gigantesca marcha seguida de una huelga general.

En esos años, la sociedad argentina se hacía cada vez más compleja. Según señala Sábato en su libro, las clases altas "aumentaron su riqueza en forma más que proporcional, y modificaron su estilo de vida en clave de opulencia, distinción y refinamiento".

Pero también hubo "cambios decisivos" en las clases populares. "A la multiplicación y diversificación de los sectores del trabajo en todo el país, se sumó la aparición y afirmación de un vigoroso movimiento obrero que buscaría representar y defender los intereses de su clase a través de organizaciones sindicales y políticas. Ese desarrollo constituyó una novedad fundamental en la dinámica social argentina".

En noviembre de 1904, los empleados de comercio de Rosario se declararon en huelga para reclamar el descanso domicial y la reducción de la jornada de trabajo.

Una vez más, las fuerzas policiales asesinaron a un obrero, y un día después emboscaron el cortejo fúnebre matando a tres trabajadores mas, lo que a la larga funcionó como un punto de inflexión del precario equilibrio de clases.

En septiembre de 1905 estalló una protesta de los estibadores del puerto rosarino en reclamo de mejores condiciones de trabajo y aumento de salarios. La protesta adquirió tal magnitud que desde el gobierno nacional enviaron tropas para garantizar la operatoria del puerto con "rompehuelgas".

La tensión social iba en aumento: en enero de 1907 hubo una huelga de carreros, seguida de una semana de huelga general.

Dice Agustina Prieto: "entre 1901 y 1907 tuvo lugar una sucesión de conflictos gremiales y sociales cuyas dimensiones y proyecciones sobre la escena pública hicieron que esa convulsionada etapa haya pasado a la historia como la época de las grandes huelgas. Fue una etapa de intensa conflictividad social que promovió, a nivel nacional y local, cambios sustantivos en los modos de ver y enfrentar la cuestión social en general y la cuestión obrera en particular".

El balance de época, si bien complejo en pocas líneas, deja tras de si, entre otras cosas, la transformación a mediano plazo de un sistema político hasta ese entonces ultra selectivo y nada representativo de otros intereses que no fueran los de la oligarquía.

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