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Entraron dos noches consecutivas a un centro de salud y causaron destrozos

Médicos y vecinos del barrio Toba estaban consternados por el vandalismo y la "saña". Rompieron más de lo que se llevaron.

Jueves 30 de Enero de 2014

Más que lo que se llevaron, dolió lo que rompieron y dejaron. Fue antenoche, en el Centro de Salud Barrio Toba (Taregüec 4320, distrito oeste), donde por segundo día consecutivo alguien ingresó tras arrancar la reja que protegía un patio interno. La primera vez que entraron, el lunes a la noche, se llevaron algunos objetos, como un detector de sonidos fetales, un microondas, una cafetera y buena cantidad de psicofármacos, un dato elocuente. La segunda vez, se cree que el martes después del cierre, el botín fueron varios estetoscopios, un otoscopio, una balanza, nuevamente medicamentos y las cajas de emergencia de enfermería y partos. Pero ese día el robo fue lo de menos: lo peor fue todo lo que arrancaron y destrozaron: el consultorio odontológico (sólo el sillón costaba, el año pasado, unos 40 mil pesos), un aire acondicionado, cortinas, sanitarios, estufas, sin contar con que también dejaron despachurradas por el piso todas las historias clínicas e infinidad de cajas de remedios.

Es evidente que algo está pasando en el vecindario, porque además de las dos intrusiones que sufrió esta semana el centro sanitario ya hubo otros incidentes, también vandálicos, en el Centro de Convivencia Barrial y la escuela bilingüe, los dos en un mismo día de mediados de diciembre.

Aun así, lo que pasó ayer y anteayer sorprendió a todos: al director de los centros de salud municipales, Ignacio Gómez; a la coordinadora de esas instituciones en el distrito oeste, Romina Lamanuzzi, e incluso a la propia directora del lugar, Silvina Peresini, que por su propia inserción en el territorio conoce de cerca lo que ocurre.

Para Peresini, se trata de un barrio de características y niveles de conflictividad que no difieren de las de cualquier otra zona con carencias de la ciudad, donde conviven familias trabajadoras y desempleadas. Las adicciones arrancan temprano, desde los 9 o 10 años, y representan uno de los problemas más graves que afectan a los jóvenes.

No una, dos. Cuando el martes descubrieron el primer robo no se lo tomaron tan mal: lo lamentaron, sí, pero repararon las rejas y volvieron a trabajar. El problema cobró real dimensión ayer, cuando al llegar al lugar descubrieron que había sido nuevamente golpeado. Y esta vez, de forma peor.

Por segundo día consecutivo un grupo de personas había llegado por los techos de una casa contigua hasta el patiecito interno del centro de salud, había arrancado nuevamente una reja y de allí había logrado ingresar. Una vez adentro, además de llevarse algunos elementos, había roto, arrancado y tirado al piso en el mayor desastre todo lo que había encontrado a su paso.

"Es una situación muy fea, muy lamentable, tanto para el equipo profesional como para los vecinos, porque se trata de un acto vandálico que no se entiende", ensayó Gómez.

Por eso, mientras un grupo de operarios apuraba los primeros arreglos, ayer en el centro de salud todos se veían muy consternados.

Y un rato antes de que llegara La Capital ya se había armado una reunión con referentes barriales en un intento por conocer qué pensaban de lo ocurrido y "buscar soluciones en conjunto", convencidos de que el trabajo de los propios vecinos sería clave para entender qué pasó y para que no se repita.

De hecho, existe una "mesa barrial" que se reúne el primer lunes de cada mes donde también se abordará el problema. Porque aunque nadie lo dice en voz alta, la mayoría cree que los ladrones no vienen de otro lado que no sea el mismo barrio, y por ende son, fueron y serán potenciales beneficiarios del servicio. Una paradoja más.

La sala de atención odontológica ayer mostraba el sillón destrozado y todos los insumos de la especialidad por el piso. La farmacia, como no podía ser de otro modo, fue un blanco especial, pero también el sector administrativo la ligó, con muebles rotos y todas las historias clínicas desparramadas, así como el laboratorio, los baños y otros espacios de atención.

"Más que las cosas materiales, nos duele la destrucción", dijo Peresini. Algo que según la coordinadora de los once centros de salud del oeste "no tiene antecedentes". Ahora, admitió Gómez, habrá que pensar en instalar un dispositivo de seguridad en el lugar (alarma con monitoreo, seguridad privada o refuerzo policial), como de hecho ya tienen algunos de los otros 49 puestos sanitarios municipales.

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