Entrañables historias solidarias

Jueves 26 de Agosto de 2010

Los 33 mineros atrapados 700 metros bajo el desierto chileno brindaron impensadas muestras de entereza y solidaridad, preocupados por sus compañeros, sus familias y las promesas de amor incumplidas.

Las primeras cartas que lograron enviar a la superficie, por pequeños ductos de diez centímetros de diámetro, llevan palabras de aliento a sus seres queridos y agradecimiento a Dios. "Es un milagro (estar vivos). Y debemos disfrutarlo dando gracias a Dios, Rey y Salvador. Te quiero", escribió Juan Illanes a Carmen Baeza, su esposa, quien lo espera afuera del mineral San José.

Otros, tras 25 años de espera, prometen la boda que siempre eludieron, pese a los hijos y nietos. "Cuando salga, compramos el vestido de novia y nos casamos por la Iglesia", juró Esteban Rojas a su mujer, Jessica Yánez.

La ilusión es grande en el desierto, pese a que el rescate final tardará de tres a cuatro meses, situación que aún no es comunicada a los mineros, para evitar deprimirlos. Ellos, que han dicho que están "en un infierno", deben sobrevivir además del largo salvamento a una oscuridad perpetua, temperaturas de 35 grados y una humedad elevada.

No obstante esas condiciones, apenas lograron restablecer contacto con la superfie el domingo, lo primero que hicieron fue preguntar por la suerte de sus compañeros y gritaron al saber que todos estaban vivos, tras el derrumbe del 5 de agosto. Fue el primer gesto de solidaridad y preocupación de estos hombres, enfrentados al rescate más complejo en la historia de la minería. Días después, mientras pedían que nos los olviden, hablaron con el presidente Sebastián Piñera y le solicitaron ayuda para la familia de Carlos Mamani, un inmigrante boliviano atrapado también en la mina San José.

Los mineros, entre los que hay jóvenes de 19 años, ex marinos mercantes y otrora futbolistas, mostraron un orden y entereza que sorprende a los rescatistas. "Están mejor de lo que esperábamos", confesó el médico Javier Brand, quien colabora en el salvameto, que tardará meses. Las autoridades, de hecho, temían encontrarlos muertos o deprimidos.

Los trabajadores, en cambio, mantuvieron el orden, los turnos y establecieron un rígido sistema de vida, comiendo bocados de atún y sorbos de leche cada 48 horas. "Bajo un mar de rocas, estamos esperando que todo Chile haga fuerza para que nos puedan sacar de este infierno", dijo a Piñera el jefe de turno de los trabajadores, Luis Urzúa.

"Sé que ha sido un infierno, pero es un infierno que le ha significado a nuestro país una resurrección en el ánimo, en la fuerza, en la esperanza. Nos han dado un ejemplo", respondió Piñera. Los mineros, aunque ellos no lo imagen, son para los medios y muchas personas el mejor símbolo del Bicentenario de la Independencia, que Chile celebra el 18 de septiembre y que estos trabajadores esperan festejar "con una copa de vino" en las profunidades del desierto de Atacama. l (DPA)