Entran con copia de la llave a un piso de barrio Martin y asaltan a la dueña
“Lo que más dolor me provoca son la joyas, que eran recuerdos de mi madre y que nunca pude usar”. Con hielo sobre el pómulo izquierdo, María del Carmen Cid, de 74 años, contó el hecho policial que le tocó protagonizar ayer cuando dos hombres armados...

Martes 08 de Febrero de 2011

“Lo que más dolor me provoca son la joyas, que eran recuerdos de mi madre y que nunca pude usar”. Con hielo sobre el pómulo izquierdo, María del Carmen Cid, de 74 años, contó el hecho policial que le tocó protagonizar ayer cuando dos hombres armados ingresaron a su departamento, en un edificio del tradicional barrio Martin. Todo ocurrió minutos después de las 6 cuando los ladrones llegaron, sin forzar ninguna cerradura, hasta el semipiso que tiene la mujer en el nivel 11 del edificio Río V, en avenida Libertad al 100. Los maleantes tenían al menos tres llaves: la del ingreso desde la calle, la de uno de los tres ascensores y la de entrada al departamento. El botín consistió en unos 15 mil pesos en efectivo y joyas, que la mujer valoró en una cifra cercana al millón de pesos.

Según comentó María del Carmen, hace seis meses perdió dentro del edificio un juego de llaves entre las que estaban las de ingreso al edificio de 17 pisos, la de un ascensor y la de entrada a su departamento. “Yo solía dejar un juego de llaves en portería escondidos en un estuche de lentes. Lo hacía para no llevar las llaves porque tenía miedo de que me robaran. Hace seis meses desaparecieron. Yo, como pongo las manos en el fuego por el portero, reporté lo que pasó a la agencia de seguridad que cuida el edificio. Después de eso las llaves aparecieron tiradas en el foso del ascensor. Y como habían aparecido no hice un cambio de cerraduras. Ahora me doy cuenta de que han hecho alguna copia”, relató la mujer, propietaria de una inmobiliaria céntrica.

Pero ese descuido a María del Carmen casi le cuesta mucho más que bienes y dinero. Una muestra es el hematoma que le quedó sobre el pómulo izquierdo, fruto de una trompada intimidatoria para que indicara donde estaba el dinero.

“Primero me pegaron un trompazo y la verdad no sé cómo no me fracturaron el pómulo. Uno de los ladrones me pegó con el puño. Y además, como no me creían que no tuviera más dinero, amenazaban con prender fuego la habitación. Agarraron un montón de papel y lo prendían fuego sobre la alfombra. Fueron muy violentos”, explicó la señora Cid.

Zona residencial. Avenida Libertad al 100, entre Colón y Necochea. Edificio Río V, en la zona más señorial de barrio Martin, uno de los más antiguos de los que se levantan sobre calle Libertad. Diecisiete pisos, tres ascensores —dos de ellos se abren con llave en la vivienda que corresponde— y 34 espaciosos departamentos. La torre tiene un portero, que trabaja de 6 de la mañana a 14, y el resto del día la seguridad está cubierta por empleados de un empresa privada. María del Carmen vive sola en el piso 11. Reside en el edificio desde hace cuatro décadas.

Ayer fue el primer día de trabajo, tras sus vacaciones, del histórico portero del Río V, un hombre de 40 años que trabaja en el lugar desde que tiene 18. Las 6 de la mañana es un horario clave: sale un hombre de seguridad e ingresa el portero. Según lo que pudo reconstruirse, después de ese cambio el portero se sentó en una pequeña oficina que tiene vista privilegiada de la puerta de blindex de ingreso y del hall vidriado del edificio.

Dos hombres llegaron hasta la puerta cuando comenzaba a llover y sin titubear la abrieron. El movimiento fue tan rápido que, antes de que el portero tuviera tiempo a preguntar, uno de los recién llegados le apoyó una pistola plateada en el pecho. “Vení con nosotros que vamos para el piso 11”, le dijeron. El cómplice lo apoyaba con un cuchillo. Los ladrones no sólo tenían las llaves, sino que se movían a partir de un buen dato.
  
A destino.
Así subieron al ascensor específico de los departamentos “B” y llegaron hasta la puerta de la casa de María del Carmen. Con la misma naturalidad que al principio, abrieron e ingresaron los tres. “Todas las mañanas me levanto temprano, me preparo el desayuno y me siento en la cocina a leer La Capital mientras escucho la radio. La leo de atrás para adelante, pero esta vez no me dejaron pasar de los chistes porque se metieron en el departamento”, contó. “Cuando los vi en la cocina, pegué un grito y el portero me dijo: «Quédese tranquila que acá estoy yo»”, recordó la mujer.

A partir de ese momento, María del Carmen y el portero quedaron en manos de los delincuentes. Mientras el alba regalaba una vista privilegiada del Paraná por la ventana balcón del living del departamento, las víctimas fueron llevadas a la habitación de la mujer. “Fueron muy violentos. Al portero (ella lo llama por su nombre de pila) le dijeron: «Vos quedate tranquilo porque sos un laburante. Con vos no es». A mí me pegaron una trompada en la cara. Enseguida me di cuenta de lo que pasaba y les di un sobre con un dinero, unos 1.800 pesos, que tenía para pagar deudas”, contó.

Informados. “¿Nada más tenés? ¿Dónde están los dólares y los euros? Vos volviste la semana pasada de Estados Unidos. ¿Esto sólo tenés? Dame la plata que tenés, que es mucha»”, rememoró la señora Cid que la interpelaba el ladrón de la pistola plateada. “Después les indiqué donde había mas dinero y las joyas, que eran recuerdos de mi mamá”, relató.

Fueron entre 20 y 30 minutos en manos de los malhechores. “Sabían todo de mí. Primero me dijeron que les diera la plata porque había otros que tenían retenidas a mi hija y a mi nieta. Me dijeron sus nombres de pila. Yo pensé que era un golpe comando y que estaban asaltando el edificio entero. También sabían el nombre y la dirección de mi hijo”, indicó María del Carmen.

Una vez que advirtieron que no había más dinero, porque hasta se fijaron detrás de las estufas, les ataron las manos con precintos y las piernas con tela. “Al portero lo dejaron sobre la cama y a mí en una silla. Y se fueron. El logró zafar de las ataduras en las piernas y desató”, recordó la mujer.

“Eran hombres jóvenes. De entre 20 y 25 años. Uno llevaba gorrita y ocultaban parte de su rostro con barbijos”, explicó. Uno de estos elementos quedó tirado en el hall del edificio cuando los ladrones se marcharon. En la torre no hay cámaras de seguridad. Se llevaron 15 mil pesos en efectivo. Y anillos, pulseras, colgantes de oro y distintas piedras preciosas que la víctima valoró en aproximadamente un millón de pesos. La denuncia quedó radicada en la comisaría 1ª.