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Enrique Pinti habló sobre la locura en la ficción y en la realidad

Pinti habla, habla y no para de hablar. Simplemente porque de lo contrario no sería Pinti. Pero lo admirable es que, siempre a su modo, que entrelaza la pasión por su trabajo con una puteada...

Sábado 22 de Septiembre de 2012

Pinti habla, habla y no para de hablar. Simplemente porque de lo contrario no sería Pinti. Pero lo admirable es que, siempre a su modo, que entrelaza la pasión por su trabajo con una puteada y con la descripción de un panorama de la realidad social argentina e internacional. Y todo lo que dice tiene una coherencia de ideales y valores que mantiene a lo largo de su carrera.

Loco de contento por "Lo que vio el mayordomo", la obra que presenta hoy, a las 21, y mañana, a las 20, en Auditorio Fundación (Mitre 754), Pinti elogia a sus compañeros Luis Luque y Alejandra Flechner, pero también al resto del elenco y principalmente a Joe Orton, el polémico dramaturgo inglés que murió asesinado por su pareja homosexual antes de que esta obra se estrene.

Pinti cuenta el drama de Orton, rechazado por ser gay, y de paso le pega a las "mentes retrógradas de la Argentina", y al hablar del universo de la locura en clave de comedia, que plantea "Lo que vio el mayordomo", hace un link con la locura del poder y de la sociedad. Y habla de Cristina, de las cacerolas, del humor de Dady Brieva y de Martín Bosi, fustiga a la vedette Natacha Jaitt y hasta se anima a dar un anuncio rimbombante: "En 2015 voy a hacer «Salsa criolla» seguro, salga pato o gallareta, porque se cumplen 30 años del estreno y no lo voy a dejar pasar". Pinti, actor, reflexivo, polémico, irónico, legítimo. Arriba el telón.

—¿Tu personaje tiene una locura que va a tono con la obra?

—Sí, es el doctor Gatti, un enviado del gobierno, es psiquiatra. Y el define al gobierno como una locura superior, jerárquicamente, es el inspector de salud mental, el representante oficial, y él dice que es el verdadero loco, porque hace unas interpretaciones increíbles de todo lo que va sucediendo. Esta obra es un vodevil desopilante donde la gente no para de reír, se descomponen de la risa.

 

—¿A qué se debe que la ficción, ya sea en teatro, televisión, y hasta en el cine, está cada vez más atraída por los misterios de la mente?

—Se debe a que, quien más quien menos, cree que está loco. Todo contribuye a la locura, el hecho que el otro día te encontrás con la noticia que hubo 36 heridos graves por una tarjeta del Sube, acá en Buenos Aires, porque un boludo se peleó con otro y se estrelló el colectivo, eso no da una sensación que la sociedad está bien de la cabeza. Estamos emparentados con la locura, con esto de que no podemos entender la realidad que nos rodea, y lógicamente la gente busca indagar este tipo de cosas hasta en los espacios de diversión, como el teatro.

—La locura se plantea incluso en el poder, hay revistas que dudan de la salud mental de la presidenta.

—Es que lo primero que vos le decís a un mandatario es que está loco, lógicamente le pasa a nuestra presidenta, le pasó a Bush, siempre te da la sensación de que el gobernante está loco, y es porque no entendés por qué pasan estas cosas.

—A De la Rúa se le incendiaba el país y él decía que estaba todo bien.

— Estaba lo más tranquilo, no sólo eso, estaba choto mirando para otro lado. Menem, en medio de un descalabro, decía "Vamos a hacer una plataforma para ir hasta Marte" y se lo decía a los chicos de Tartagal, que no tenían dientes. Entonces, más allá de que sean malos o buenos, están mal de la cabeza. ¿Cómo una presidenta va a decir en broma, aunque sea en broma, que le tienen que tener miedo? Más que frase desafortunada son metidas de pata, y es en todos los campos, está loca la oposición también, y mirá el mundo, mirá a Siria, mirá a Oriente, el Cercano y el Lejano, ves el quilombo de europa, ves el quilombo de España, ves que de pronto se les pianta la chiripiorca y ves que los catalanes que siempre quisieron ser separatistas salen de a dos millones, no de a 20 mil con una cacerola, salen dos millones de personas a copar toda Barcelona, y dicen "queremos ser una repúublica independiente". Acá jodemos cuando decimos "la república de Corrientes", pero ahí lo hacen en serio.

—¿No te parece que el enfrentamiento de los K contra los anti K no es saludable para nadie?

—Y claro, qué va a ser saludable, nunca, nada que tenga que ver con la cosa obcecada, nada es saludable, y generalmente da caldo de cultivo para que los locos salgan, de un lado y del otro. La otra vez escuchaba por la tevé a la gente del cacerolazo y me quería morir, porque una señora del cacerolazo, en una nota, decía "estoy acá en la plaza por segunda vez, y la primera vez que vine fue en el 55, y era para ver cómo derrocaban al hijo de puta de Perón, ahora no vengo a derrocar a nadie, quiero que la presidenta se vaya", así no se puede empezar a hablar. Y la otra, Natacha Jaitt, que dice "yo voy a pinchar el forro, así me embarazo y cobro los 250 por la asignación mensual por hijo". Es un chiste, malo, horrible. O del otro lado, que dicen que es una manifestación minoritaria (el cacerolazo opositor), y eran 20.000, y dicen que era gente bien vestida. Pero qué carajo tiene que ver que sea gente bien vestida o no, si se está manifestando por cosas que ocurren. Hay mucha gente disparatada de un lado y mucha gente disparatada del otro, y eso nos hace mucho daño como sociedad.

—Qué bueno sería que todo esto lo digas en la tele.

—Pero yo estuve de visita en la tele, nunca tuve un ciclo mío, salvo "Pinti y los pingüinos" en el 92, y nunca más, nunca me convocaron, aunque tampoco hubiera agarrado. ¿Sabés qué pasa? Es que cuando hay tanto río revuelto, lo que decís siempre será mal interpretado. Yo agradezco mucho haber hecho Moliere en el San Martín y ahora esta obra, porque de alguna manera le doy a la gente un poco de oasis, que se rían, que gocen de un espectáculo. Y uno también, porque yo digo una cosa como éstas del cacerolazo y te esperan cuatro viejas a la salida y te revientan a patadas, y si vos decís algo en contra del gobierno te espera La Cámpora, y en esas condiciones no me gusta meterme en quilombos.

—Y menos a esta altura de tu vida y de tu carrera...

— (Interrumpe) Y, mirá, yo soy una persona que a los 72, y ahora el 7 de octubre cumplo 73 años, ya me di cuenta que los debates no sirven cuando la gente cree que tiene la verdad, sirve cuando uno puede intercambiar opiniones, pero si uno dice "se tiene que morir esta hija de puta, hay que matarla" y otros dicen "hay que ningunear a esta gentuza que son nada más que mierdas de derecha", ¿qué vas a debatir?, no hay debate posible.

—¿O sea que en este escenario hacer otra "Salsa Criolla" sería imposible?

—Sería, sabés qué, insalubre para mí. No es que tenga miedo, ni mucho menos, ahora te lo estoy diciendo a vos para un medio, y si me llaman para la televisión digo mi mensaje con total libertad y no he tenido ningún problema, ni apercibimiento, ni nada. Pero ni hablar de hacerlo en un ciclo de televisión. Porque una cosa es estar invitado a un programa, o decírtelo a vos para La Capital, o decírselo a Clarín o a Página 12, me da igual,lo hago con la libertad de mi opinión, pero otra cosa es estar expuesto en un escenario para que la gente te odie o te adore. Me parece que hasta que no se calmen un poco las aguas es muy difícil.

—¿Cuál es tu opinión sobre el humor actual de la Argentina?

—En general el humorismo no está en decadencia, pero no interesa, no da rating en la tevé. Hay un montón de humoristas, que es el humorismo de sátira social, que yo lo practico perfectamente, por ejemplo lo que está haciendo el Dady, que es un espectáculo maravilloso, el "Dadyman", porque el pinta la sociedad argentina que conoció, pero no desde un lugar crítico, él simplemente cuenta quién es, y eso es muy liberador, es una parte muy linda del humor. De la misma manera, Martin Bosi, en un espectáculo extraordinario, comenta figuras del quehacer argentino, político, artístico y mediático, pero pinta la sociedad sin dar opinión polémica, simplemente hace una cosa recreativa, en el mejor sentido de la palabra. Son los casos de dos grandes humoristas, uno comediante y otro imitador, que muestran la sociedad, pero no quieren polémica.

—¿Y Capusotto, que desde un humor rockero también es crítico hacia la sociedad y el gobierno, y lo hace desde la tevé pública?

—Sí, pero fijate que él se refugia en personajes, como Violencia Rivas, aunque la gente sabe que es él. No es lo mismo que lo que hago yo, que es Enrique Pinti en las cuatro dimensiones. Yo creo que ese tipo de cosas te saca todas las corazas posibles, y te pone ahí, en medio de la vereda, sobre todo yo, que soy un librepensador y que lo he sido siempre, y que trato en lo posible de ser lo más equilibrado. Pero ojo, para el 2015 cumple 30 años "Salsa Criolla", y me ronda la cabeza "Salsa Criolla 2015", la voy a hacer seguro, salga pato o gallareta, porque se cumplen 30 años del estreno y no lo voy a dejar pasar. Además, "Salsa Criolla" lo sigo haciendo en cada reportaje que hago.

Un vodevil entre drogas, sexo y la crítica al sistema

“Esta obra es un regalito que me merezco después de los 70 años, porque pasando los 80, que voy a estar genial, voy a hacer monólogos, total los puedo hacer en silla de ruedas y con un audífono porque no voy a escuchar nada. En cambio esta obra hay que hacerla cuando uno está en condiciones de poder correr arriba del escenario. La gente va a gozar de otra manera que en mis monólogos, porque van a reírse, y eso es un gusto en este momento y en todo momento”, dijo Enrique Pinti. El actor destacó el trabajo de Luque y Flechner, pero ademñas resaltó la labor de Abián Vainstein , Paula Castagnelli y Andrés Portaluppi, más la dirección de Carlos Rivas. “Lo que vio el mayordomo” fue escrita por el dramaturgo inglés Joe Orton, y gira en torno a una afamada clínica psiquiátrica dirigida por un prestigioso médico , a la que llega imprevistamente un exótico funcionario del Ministerio de Salud Pública, para hacer una inspección de su funcionamiento. Desopilantes situaciones se desatan entre esposas infieles, empleados acosadores, secretarias de dudosa identidad sexual, médicos y pacientes en paños menores. La confusión estalla mientras abren y cierran puertas en una delirante terapia de alcohol, sexo y tratamientos psicológicos no convencionales. “Joe Orton era una especie de Fernando Peña, con mucho talento, un homosexual absolutantamente asumido, pero en una época donde la homexualidad era un crimen, un delito, como piensan muchos retardados y retrógrados hoy en día de nuestro querido país”, vomitó Enrique Pinti. Y remató: “Orton logra un vodevil, donde se marca de un modo exacerbado y terrible la tomadura de pelo a las instituciones, a los sexos, a la psiquiatría. Y es de una certeza y de una actualidad avasallante”.

Bandos opuestos

“Si hablo del cacerolazo, me esperan 4 viejas a la salida y me revientan a patadas. Y si hablo contra el gobierno, me espera La Cámpora”

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