Miércoles 26 de Enero de 2011
Cuando se inició el año y no había billetes de cien pesos, ni de los otros, en los cajeros del sistema bancarizado de cobro de haberes para activos (del Estado) y pasivos del sistema provisional, dije y sostengo hoy que sirvió para enfriar la economía. El comercio minorista ajeno al servicio de cobro por débito automático perdió ventas y la queja de los pequeños comerciantes, cuentapropistas, se convirtió en un coro de airadas protestas que junto al calor irritaron a nuestra sociedad, siempre maltratada por los gobiernos de turno. Para colmo, negarlo agravó el estado de ánimo de los que al rayo del sol hacíamos cola frente a los cajeros para llegar y encontrarnos con el cartelito de que no podía entregarnos el efectivo que requeríamos, obligando a peregrinar de cajero en cajero. Ya superada la primera quincena de enero 2011 y con un inexplicable descenso de la actividad económica que se contrapone a las declaraciones oficiales plenas de optimismo, que incluso mencionan disminuciones sustanciales del desempleo ubicándolo en un 7 por ciento más inexplicable que el optimismo citado, nos encaminamos a un nuevo conflicto agrario sin que el gobierno nacional haya resuelto romper las dependencias de los grandes grupos económicos que siguen condicionando nuestra economía. Asustan las expresiones de la presidente respecto al futuro y los convenios para incrementar la megaminería, la continuidad de los procesos de producción de biocombustibles, extender la agricultura química hasta en zonas donde actualmente resultaban impensable hacerlo. Mientras prosiguen las "negociaciones" con el exterior, se firman nuevos convenios y se establecen relaciones internacionales sin participación del parlamento y nos comprometemos por décadas a dependencias de nuevo cuño, nuestra dirigencia política, preocupada por el color de sus físicos al sol del verano, más que por el futuro del país, sigue en campaña electoral ya no disimulada por los tiempos de anticipación grosera en los que se han sumergido. La ausencia de actividad política, pero política con mayúsculas, se manifiesta en la ausencia de propuestas, de reclamos fundados, de soluciones a las asignaturas pendientes que como la ley de entidades financieras nos sigue condicionando, a las pospuestas investigaciones de ilícitos que el tiempo entierra para el olvido, a las postergaciones de los reclamos del sector pasivo y a los "miremos para el costado" que como actitud colectiva adoptara nuestra dirigencia sindical y política para que todo se enmarque en un clima de aparente normalidad, y se puedan transitar los venideros tiempos electorales que no depararán demasiadas sorpresas.
Angel M. Contestí