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Encuestas y pecadores

La publicidad engañosa como arma de seducción. Cuestionarios parciales y direccionados en busca de la respuesta deseada. Como siempre, el único resultado certero en política es el que sale desde adentro de las urnas.

Miércoles 01 de Abril de 2015

Advertencia: no habrá en la presente nota mención a candidatos y porcentajes. Se pretende enfocar el texto en otras cuestiones.

En el diario español El País se leía, hace años, una frase en letra menuda, sobre las famosísimas encuestas de los periódicos, que ellos también hacían: "La presente encuesta no tiene rigor científico y sólo incluye la opinión sobre el tema de algunos lectores del periódico". Nada mas cierto que la confesión que indica que no son todos los lectores, que ya conforman un universo parcial sino que, de los lectores, sólo aquellos que quisieron contestar. Honestidad en aquel manual de estilo, hoy en desuso.

El peligro de los colegas que atribuyen certeza a una encuesta de tales características tiene doble estándar de riesgo. De una parte el mensaje equívoco. De la otra la certeza que el colega es un ignorante o un partidario exagerado del tema encuestado.

Suele ocurrir, en general ocurre, que se realizan encuestas, en rigor consultas, entre parcialidades muy interesadas. La más clásica entre dos pasiones encontradas: Ñul y Central, Boca y Ríver, Colón y Unión, Estudiantes y Gimnasia La Plata.

Atribuirle seriedad a los que contestan por una camiseta y/o un choripán antes de un clásico no es bueno. El folk de las hinchadas es para la humorada. La risa es salud. Es otra cosa. Creer una encuesta de tales características ni siquiera llega a inocencia. Es un disparate.

Un avión que se cae suele ser una tragedia. Salir a consultar qué opinan de los viajes en avión y si viajarían (¿"Usted viajaría"?) cuando todavía los noticieros muestran al avión estrellándose es un ejemplo fenomenal del hombre y su circunstancia. Un mundo de sensaciones (diría Sandro). Nadie quiere viajar en el avión estrellado. Ni el gremio de pilotos y azafatas.

El concepto de las películas es sencillo. Una foto tras la otra (fotograma). Cada una de ellas una foto. La película es la secuencia ordenada de cada fotito. Con las encuestas igual. Si en diciembre de 2013 no gustaba el mate con cascaritas de naranja y en enero, febrero, y todo el almanaque del 2014, la respuesta al "bouquet" cítrico fue la misma; en 2015 se puede deducir que no conviene producir yerba mate con cascaritas de naranja. La inversa también es válida… y saborizada. Fin de la película. La encuesta la pagó quien tenía interés, leyó los datos en secuencia, sopesó costo beneficio y la yerba está en la góndola. Las encuestas son valiosas, certeras, necesarias.

La empresa quiere hacer un bar/restaurante con señoritas desnudas y dice. "La encuestas demostraron que la mayoría de los argentinos aceptaría comer una milanesa con papas fritas atendido por señoritas desnudas. Un sondeo de opinión realizado en Playa Franca así lo demostró". Luego vienen los avisos: "Los argentinos quieren comer milanesas en el Bar Brutal atendido por señoritas desnudas". "Juan, Perico y Andrés se mostraron satisfechos y prometieron volver al Bar Brutal donde las señoritas desnudas les sirvieron las milanesas en un ambiente de franca camaradería y mucho respeto". Nunca hicieron la encuesta, apostaron a convencer diciendo que la encuesta decía lo que ellos querían que dijese. Apostaron mas con publicidad engañosa e insistente. Pasado el relumbrón de la inauguración (con fenomenal cobertura periodístico publicitaria) las chicas se vistieron para tomar el "último bondi a Finisterre" y las milangas están en el freezer de la mamá de Carlitos, el de la idea. No hay encuesta dirigida y mentira subsiguiente que supere la realidad del voto. A los argentinos (me incluyo) nos gustan las mujeres desnudas y las milanesas con papas fritas, voto en ése orden y separadamente. Mentir en las encuestas es un crimen. Citemos a Dick Tracy: el crimen no paga. Al menos con las encuestas.

Algunas encuestas, sobre tendencias, sobre preocupaciones, sobre miedos y necesidades, puestas en secuencia, en "película", traen datos valiosos. La preocupación por la inseguridad es genuina. El porcentaje de víctimas directas o familiares y/o conocidos supera el 80 por ciento. No hay diferencias entre autoridades. A todos los niveles se les pide respuestas (municipal, provincial, nacional). Desde hace años y por diversos centros de prensa de diferentes candidatos, partidos o frentes, la respuesta en las encuestas es similar. Angustia, preocupación y el "hagan algo", que debe traducirse como "se ha hecho muy poco".

Con inseguridad, inflación y trabajo es fácil hacer la película. Hace muchos años que el tema es ese. Todas las encuestas reflejan la preocupación. Lo que nunca dirán los interesados, los interesados en divulgar datos parciales de sus encuestas, es que no se animan a preguntar: "Con fulanito, ¿lo solucionaríamos?".

A lo mejor ya lo preguntaron y se guardan la respuesta. No importa, las urnas siguen siendo la mejor encuesta. Irreversible. Incuestionable. General.

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