Martes 08 de Septiembre de 2015
En un mensaje claro y contundente nuestro Papa Francisco se lanzó de lleno al debate sobre el cambio climático. Su primera encíclica "Laudato Si" ("Alabado seas" en dialecto umbro) accede a la crisis ambiental, con sus consecuencias sociales, que obran sutilmente relacionadas. Una muestra de sabiduría, humildad y solidaridad que no solamente debe enorgullecer a quienes profesamos la fe cristiana, sino a la humanidad, no importando su credo. El Papa Francisco aboga por cuidar la naturaleza, insistiendo en la relación directa entre la destrucción del medio ambiente y la pobreza. No son necesarios mayores esfuerzos para entender las consecuencias del daño ambiental en la salud del hombre, especialmente los carenciados. Llama a la recepción social de sabias conclusiones, que no queden sólo en el documento. Muchos refieren un llamado a la revolución verde, el "cuidado de la casa común". Rosario fue privilegiada, participando nuestra intendenta en la convocatoria que el Papa Francisco efectuó en procura de tan noble objetivo, que no es otro que la conversión ecológica. El cambio climático, por su amplio espectro, obliga a iniciar el camino. Cuando mayor fuere la dificultad, demos el primer paso, mañana estaremos más cerca del objetivo propuesto. Ello se logra, por ejemplo cuidando el arbolado público. Plantar un árbol ya es un paso positivo. En los hechos aún no se advierte en la ciudad recepción a los esfuerzos que pregona el Papa Francisco. La política pública que observamos se muestra desinteresada de la especie arbórea. Eliminar o dañar un árbol satisface las inquietudes de los que acceden con total descuido a dicho deterioro. Rosario se caracteriza y con mayor gravedad en estos últimos tiempos, para decirlo con palabras papales, en descuido de la casa común. Se eliminan especies añosas, para permitir incidencia en iluminado de arterias, carriles de circulación de transporte público, instalación o liberación de cableados o cañerías de servicios. Da pena transitar por calles del microcentro, Presidente Roca, Italia entre otras, y ver los ibirapitá talados, los troncos que restan buscan nuevamente la vida brotando, pero sentenciados a su eliminación. No se ha informado públicamente respecto a fundamentos que lo autoricen. Como impotentes testigos vemos la extracción de arboleda en avenida Alberdi por ejemplo, para ampliar los carriles exclusivos del transporte público, qué necesidad había. En tal deterioro hemos leído informe que reza: "La Dirección de Parques y Paseos refuerza la idea que la poda no beneficia al arbolado, sino que responde a una necesidad del hombre para eliminar algún inconveniente que genere el ejemplar". ¿Cuáles son los límites? ¿Bajo que parámetros se actúa? A mayor abundamiento se observa abandono a las especies nuevas, sin cuidado ni mantenimiento. El Papa Francisco ha recibido numerosas visitas, su amplitud mereció criticas, pero si del encuentro devienen acciones positivas, laudables fueren. Si sólo importan acto de presencia o protocolo del funcionario, se distorsionan las responsabilidades que le fueron confiadas.
Leonardo E. Gentile Capella / LE 6.015.785