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En Venezuela comprar un auto nuevo se transforma en una odisea

La producción automotriz de la nación bolivariana sufre un fuerte descenso, al igual que las importaciones. Las restricciones que imperan sobre el dólar hacen que el vehículo se vuelva más caro al momento de sacarlo de una concesionaria.

Domingo 19 de Mayo de 2013

Venezuela es posiblemente el único país del mundo donde un automóvil se hace más caro al momento de sacarlo de la concesionaria después de comprarlo. Adquirir fuera del concesionario una camioneta deportiva Ford Explorer 2012 implica un desembolso de hasta 1,2 millón de bolívares, lo que representa el doble del costo del mismo vehículo nuevo, de acuerdo con el principal sitio de venta de usados venezolano. Otros autos de modelo reciente, como Jeep y Ford Fiesta, usados, cuestan también el doble que sus equivalentes nuevos. Es que la demanda insatisfecha es tan grande que los compradores hacen una gran diferencia vendiéndolos apenas los sacan del concesionario. El fenómeno va en contra de la tendencia en todos los demás lugares del mundo, donde los vehículos pierden valor en cuanto se venden y salen del concesionario. La situación, de acuerdo con varios economistas, es resultado de los controles orientados al socialismo que ha impuesto sobre la economía el gobierno bolivariano. Esas medidas han derivado también en carestía de productos básicos, como azúcar, harina de maíz y ahora también el papel higiénico.

En el mercado automotriz, esas políticas han casi agotado el inventario de vehículos nuevos. Los venezolanos que logran hacerse de uno, suelen revenderlo de inmediato para sacarle una ganancia. Personas como el gerente de banco Luis Villamívar señalan que la compra de un auto se convirtió en toda una odisea. "Es muy frustrante. Tengo el dinero para comprar un vehículo de un concesionario, pero no hay disponibles", expresó Villamívar, quien lleva cinco meses tratando de comprarse uno.

Aunque las reservas petroleras probadas del país figuran entre las mayores del mundo, su mercado automotor ha sido golpeado por una serie de restricciones gubernamentales. A fin de reducir la fuga de capitales, el otrora gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez mantuvo un estricto control cambiario durante la última década, lo que dificultó que los venezolanos compraran dólares y generó un mercado negro, donde se puede comprar la moneda estadounidense, pero más cara (nota: está prohibido informar de su valor en Venezuela, pero al menos triplica al dólar oficial, valuado en 6,30 bolívares, cuando se implementó una devaluación del 46,5 por ciento).

Billetes verdes. Simultáneamente, el gobierno restringió la venta de dólares a las empresas mediante una agencia oficial, lo que generó una escasez de divisas disponibles para las importaciones. Como resultado, menos autos llegan a los puertos del país. Y la producción en las ensambladoras que hay en Venezuela ha caído, lo que ha agravado la escasez y elevado aún más los precios de los vehículos.

La escasez actual de dólares incidió también en que la inflación llegue al 20 por ciento anual, pero los concesionarios de autos se niegan a elevar demasiado sus precios, ante el temor de que las autoridades los acusen de especuladores, lo que pondría en riesgo su acceso a dólares baratos mediante el tipo oficial de cambio. La inflación ha elevado la demanda de los venezolanos por autos, viviendas y equipos electrónicos, como una forma de impedir que sus ahorros en efectivo se erosionen ante el alza en los precios. Russell Dallen, corredor de valores en Caracas Capital Markets, pronosticó que la última devaluación oficial acrecentará aún más la demanda de autos, pues la gente tratará de proteger sus ahorros frente a la inflación. "Está claro que los precios subirán y que las listas de espera para la entrega de un 0 km. seguirán creciendo", dijo.

Los legisladores chavistas en la Asamblea Nacional presentaron una propuesta que busca controlar los precios de los autos, nuevos y usados. Acusan a concesionarios de especular con los precios. "En el negocio de compra y venta de automóviles hay muchas mafias que deben erradicarse. Hay irregularidades, tanto en las fábricas como en los concesionarios, y al final el perjudicado es el consumidor final, quien debe pagar sobreprecios exorbitantes", declaró Elvis Amoroso, el legislador oficialista que introdujo el proyecto.

Pero Steve H. Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, advirtió que los intentos por controlar los precios no harían sino agravar la escasez. "Podrán imponer controles de precios, pero si el precio es menor al del mercado lo único que lograrán es crear más escasez", comentó. "Siempre habrá un mercado negro", opinó, "no podrán controlarlo, tendrían que contratar a una gran cantidad de policías para controlar precios".

Caen las importaciones. Las importaciones de autos han estado disminuyendo desde noviembre de 2007, cuando el gobierno restringió la cantidad de dólares asignada a los importadores. El objetivo oficial era estimular la producción nacional, pero ocurrió lo opuesto. En 2008, Venezuela importó 135.499 vehículos, un 59,7 por ciento menos que en 2007, según la Cámara de la Industria Automotriz de Venezuela. El país importó sólo 17.680 vehículos en 2011 y 25.296 el año pasado. La producción a nivel nacional también ha estado en declive. De 172.418 vehículos en 2007 a menos de 105.000 el año pasado, según la cámara del sector. Entre las compañías que tienen plantas ensambladoras en Venezuela están Ford, Toyota y Mitsubishi, así como la china Chery.

Para un concesionario, navegar por el inusitado sistema de cambio de moneda del país implica solicitar a una comisión gubernamental que le asigne cierta cantidad de dólares a fin de adquirir autos, al tipo oficial de 6,3 bolívares por dólar. Si el concesionario recibe sólo una parte de los dólares solicitados, el dueño puede terminar ofreciendo menos vehículos o recurrir al mercado negro, donde los dólares cuestan más del triple.

La gran disparidad entre el tipo de cambio oficial y el de la calle ha producido listas de precios de vehículos nuevos que, si se calculan a la cotización oficial, parecen sumamente altas. Por ejemplo, una camioneta Toyota Fortuner nueva se anunció recientemente con un precio de aproximadamente 530.000 bolívares. Es el equivalente a más de 84.000 dólares al tipo de cambio oficial. Pero calculado según el mercado negro, el precio es de 27.000 dólares. Los altos precios se compensan en cierto grado por el subsidio del gobierno a la nafta, que se obtiene aquí al precio más bajo del mundo, el equivalente a 4 centavos de dólar por galón (un centavo estadounidense por litro-un galón equivale a 3,8 litros).

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