Miércoles 04 de Noviembre de 2009
"Cuando la Guerra Civil Española estalló, el escritor español Francisco Ayala estaba en la Argentina en un viaje por el Paraná, en un recreo de sus conferencias en América del Sur. Regresó a España y trabajó para la República en un ministerio. Con el triunfo de Franco se vio obligado a emprender el exilio. El destino fue la Argentina, donde se estableció en la ciudad de Buenos Aires. Además de traducir (su versión de los "Cuadernos" de Rilke es un clásico), Ayala comenzó a dar clases de sociología, una materia en la que era maestro y futuro autor de libros de texto. Consiguió una cátedra en la Universidad del Litoral y todas las semanas viajaba a la provincia de Santa Fe", como recordó el fallecido periodista de La Capital, Fernando Toloza.
"El viaje, a pesar de que no eran demasiados kilómetros, se tenía que hacer en dos etapas. En tren hasta Rosario y en colectivo hasta Santa Fe. El tren fue, más de una vez, sitio de encuentros para el escritor. Ayala rememora en «Recuerdos y olvidos» que en un vagón conoció a Daniel Devoto, el musicólogo y escritor amigo de Julio Cortázar. Devoto, cuenta Ayala amistosamente, parecía un sátiro joven en medio de una compañía de música clásica que iba de gira por la toda la Argentina y cuyo primer destino era Rosario".
"«Durante uno de aquellos viajes míos en tren hacia la ciudad de Rosario me hizo levantar la vista del libro un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, que entraron y se acomodaron en el mismo coche, y me llamó la atención en particular un barbudo calvo que acunaba en sus brazos a una criatura de pocos meses. Visión extraña, cómica y tierna la de aquella especie de inquieto y jovial sátiro, que resultaría ser el director de un conjunto de música antigua en gira por el interior del país. El niñito no era suyo, sino de una de las instrumentistas, quien al poco rato lo rescataría del amistoso sátiro de voz aflautada, una de las personas más inteligentes, refinadas, delicadas y sensibles que jamás he conocido, erudito a quien mucho estimo y amigo a quien mucho quiero: Daniel Devoto. Entonces todavía no nos habíamos conocido. Entraríamos en relación poco después, a través de Baudizzone, de Julio Cortázar, de José Luis Romero... Años más tarde, Daniel y yo coincidiríamos todavía en París, cuando él estaba en trámites para casarse con Mariquiña Valle-Inclán», escribió Ayala en el tomo II de sus memorias."
La imaginación regresa. "Ayala vivió en la Argentina entre 1939 y 1950. Desde comienzos de la década del 30 su obra de imaginación había entrado en una impasse. En el país resurgió su veta de narrador con «La cabeza del cordero», un libro de novelas cortas en el cual el tema es el exilio. El libro, a pesar de las diatribas de Francisco Umbral contra el estilo del autor, ha sobrevivido el paso del tiempo por el punto de vista de Ayala, quien lejos de una literatura militante volcó la extrañeza del exilio a través de las miradas de un soldado falangista, de un moro que quiere conocer a su pariente español, de un amigo de la República que regresa a España con miedo a la denuncia para comprobar que su delator es apenas un fantasma entre otros. «La cabeza del cordero», especialmente el relato «El Tajo», le valió ser comparado con André Malraux.
"Cansado de la «atmósfera vulgar y vocinglera del peronismo», el escritor dejó la Argentina para ir a enseñar a Puerto Rico primero y Estados Unidos después."
"El regreso a España se daría en la década del 60. Primero en forma silenciosa y luego con la reedición de sus obras, esas que el régimen franquista se había empeñado en suprimir."