Domingo 17 de Mayo de 2009
Colombo, Sri Lanka. — El ejército de Sri Lanka derrotó definitivamente a los rebeldes del grupo Tigres para la Liberación de Tamil Eelam (LTTE), después de casi 26 años de lucha,según anunció el presidente ceilanés, Mahinda Rajapakse, durante una visita en Jordania. "Volveré a un país totalmente libre de las bárbaras acciones de los LTTE", proclamó Rajapakse, que debe volver hoy a Colombo. Los rebeldes tamiles combatieron durante 25 años contra el gobierno de Sri Lanka, en un conflicto que dejó unas 70.000 víctimas.
Muchos consideraban a los tigres tamiles como "invencibles", apuntó también el mandatario ceilanés, por lo que él está ahora orgulloso de poder anunciar que su gobierno, "con el apoyo total de las fuerzas armadas, ha derrotado por fin a los LTTE en una operación humanitaria nunca antes vista". Según Rajapakse, el ejército consiguió salvar a más de 210.000 civiles que los rebeldes habían utilizado como escudos humanos. La derrota de los LTTE, agregó el presidente, que llegaron a controlar casi una cuarta parte de la isla en el sur de Asia, da a los ceilaneses una nueva oportunidad de alcanzar "paz y desarrollo".
Los LTTE luchaban desde 1983 por un Estado independiente para la minoría tamil. Ayer, el Ministerio de Defensa informó en Colombo que el ejército había tomado el último reducto de los rebeldes en una franja costera al noreste del país y había cercado a los milicianos. Según informaciones desde la zona, el líder de los LTTE, Velupillai Prabhakaran, estaba aún junto a otros altos mandos de la milicia en la zona de combates. Hasta ahora no se ha esclarecido si Prabhakaran murió o fue capturado durante los últimos enfretamientos. La televisión estatal informó únicamente sobre una serie de explosiones, entre otras en un búnker de la cúpula rebelde. En los últimos meses, el gobierno había acusado constantemente a los insurgentes tamiles de impedir la huida de los civiles en la última región bajo su control, mientras los LTTE imputaban a Colombo el bombardeo indiscriminado de la zona de combate, causando estragos entre la población civil. Ambos bandos se atribuyeron mutuamente la muerte de cientos de civiles en los últimos días. Según los últimos datos de Naciones Unidas, las recientes estimaciones más "conservadoras" apuntaban a la muerte de entre 7.000 y 8.000 civiles desde finales de enero.
El gobierno evitó hasta ahora en todo momento el acceso de observadores independientes y periodistas a la zona. Los desplazados de la región pernoctan en campos de refugiados que varios críticos han calificado como "centros de internamiento".