En recuerdo de Raquel
Después de recordar el 1º de julio al general Perón en el Cristo, nos fuimos a lo de Rodolfo y Chiche Dimarco. Comimos muy frugalmente, pero lo sustancioso, como muchas veces, estuvo en la charla. Como es costumbre cada vez que nos deja un compañero o compañera, surgen las historias compartidas...

Miércoles 06 de Julio de 2011

Después de recordar el 1º de julio al general Perón en el Cristo, nos fuimos a lo de Rodolfo y Chiche Dimarco. Comimos muy frugalmente, pero lo sustancioso, como muchas veces, estuvo en la charla. Como es costumbre cada vez que nos deja un compañero o compañera, surgen las historias compartidas, las vivencias comunes de la larga e intensa militancia en el Movimiento. María Martínez, cuando no, recordó cuando conoció a Raquel Butazoni en una reunión en Santa Fe, durante la Resistencia. Raquel, que era más joven, le dijo que quería militar junto a ella. Entonces, como era de práctica, para ir conociéndola, le preguntó por qué se había hecho peronista. Ella le contó que con su familia vivían en Entre Ríos, muy humildemente, se murió uno de sus hermanitos y después de velarlo, su papá le hizo un cajoncito y lo llevó bajo el brazo al cementerio. En esos días la maestra la llamó al frente y ella le dijo que no había estudiado, pero en realidad no había querido pasar al frente porque tenía las zapatillitas muy zurcidas y le daba vergüenza. Pocos días después, su padre consiguió una changa con continuidad, un tal coronel Perón había dado la orden que se construyeran unos cuarteles. A los pocos días, ella pudo levantar la mano y pasar al frente, porque su papá le había podido comprar unas zapatillas nuevas. Por eso Raquel fue capaz de traducir en obras lo que el General nos brindó; descanse en paz, compañera, su tarea está cumplida.

Oscar Cánepa