Martes 27 de Marzo de 2012
Cuando comenzó el período de paritarias para los docentes, se ofreció un incremento para recomposición salarial del 21 por ciento ( escalonado en 14 por ciento y 7 por ciento) y 600 pesos por única vez para gastos, a liquidarse a partir de abril; luego cambió su composición en 18 por ciento y 3 por ciento; es decir podía mejorarse. Y varios días más tarde 150 pesos para indumentaria. Es decir, y más allá de lo inaceptable de los 150 pesos, que más se parecen a una limosna que a un paliativo económico respetable, siempre se tuvo más de lo que se ofreció originalmente. Entonces, si se disponía de esos recursos ¿por qué no se pensó en ofrecerlos en primera instancia? ¿Por qué se especuló con el "si aceptan el primer ofrecimiento, la sacamos más barata"? Creo que esto marca toda una posición respecto de cómo se piensa la remuneración al docente desde la cúpula del gobierno: pagar lo menos posible, que la educación salga lo más barato que se pueda. Eso, en términos de práctica comercial cotidiana se llama "regateo" y más en el barrio, el verbo es "pichulear". Desde el punto de vista del manejo político, se pasó de la decisión de descontar a todos los docentes que hacían paro, a descontar a los que lo hacían y a los que no, a no descontar a nadie los paros si se aceptaban los 150 pesos, todo en el término de tres días. Analizando los hechos, un desastre, un desmanejo absoluto de la cuestión porque además queda la sensación de que si se insiste más, se obtiene más porque sin dudas hay más. Una ministra recién estrenada que sale a decir "esta posición es irremovible" y al otro día aparece con una nueva propuesta, no está llamada -a mi entender- a generar la figura sólida e inteligente que se pretende de un titular de la cartera de educación. A esto agreguemos, una ley de educación inaceptable para la escuela media, una presidenta de la Nación que habla en cadena nacional proclamando con sus dichos que ignora la realidad educativa y encima opina; y todos los que creen que los docentes no trabajamos porque no queremos y hasta que tenemos autos importados, vivimos en countries y veraneamos en cruceros lujosos. Este es nuestro panorama, como el de tantos que deben pagar el boleto aumentado, los que todos los día ven estrellarse su sueldo contra las góndolas de los supermercados, los que afrontan tarifazos e impuestazos para pagar dietas espectaculares, recitales carísimos, pensiones de privilegio de 95.000 pesos; nuestro panorama es como el de cualquier trabajador, sólo que decidimos salir a la calle a reclamar justicia, algo que no debería demandarse en una sociedad que respeta el derecho a un salario digno, además de mínimo, vital y móvil.
Carlos Italiano