En memoria de nuestros vecinos
Soy vecino de Salta 2141. Como todos, aterrado por la catástrofe sin precedentes en Rosario y anodadado por el dolor. Me dirijo a los que sobrevivieron, a los que perdieron todo. Gente, conciudadanos, rosarinos y argentinos, sobrevivientes...

Miércoles 28 de Agosto de 2013

Soy vecino de Salta 2141. Como todos, aterrado por la catástrofe sin precedentes en Rosario y anodadado por el dolor. Me dirijo a los que sobrevivieron, a los que perdieron todo. Gente, conciudadanos, rosarinos y argentinos, sobrevivientes, expresemos un no rotundo a la demolición de las torres. En la Kunfurstendamm berlinesa sobrevive la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, ruinas chamuscadas como recordatorio de los horrores de la II Guerra Mundial. En la actual Volgogrado, la ex Stalingrado, en Rusia, junto al Volga, sus habitantes han conservado las ruinas de la “casa del sargento Pavlov” y la molinería, como recordatorio de la indomable resistencia rusa ante el invasor nazi. El Titanic yace en su tumba a casi cuatro mil metros de profundidad, declarado patrimonio de la humanidad, pese al saqueo de los objetos que yacían dentro y junto al casco de la inmensa nave. Entonces, por la memoria de los fallecidos en Salta 2141, por sus deudos, por los heridos y por los que sobrevivieron y perdieron todo, rechacemos de manera rotunda que desaparezcan las ruinas de este desastre que enlutó al país. Hoy quienes pasan por las cercanías de la Zona Cero tienen la sensación de transitar por un cementerio. El silencio que rodea los escombros es abrumador. Una herida profunda en la piel originara una cicatriz que persistirá hasta la muerte. Si se demuelen las torres, desaparecerá todo vestigio de una herida que de tan profunda ha herido el tejido de la sociedad argentina. Y con ellas desaparecería el respeto por los muertos y por esas ruinas que, en mi concepto, son sagradas. De aquí en más Rosario no debe conocerse o caracterizarse sólo por su Monumento a la Bandera, también debe mostrar la miseria y la grandeza de este pueblo; miseria en cuanto a la desidia y negligencia nacional que es de vieja data, y grandeza como homenaje a los que no tuvieron oportunidad, la más mínima, de escapar del peligro que desconocían que estaba ocurriendo; la grandeza de los que perdieron todo y a pesar de todo no han proferido una sola palabra o gesto expresando odio; grandeza de los bomberos, rescatistas, médicos, vecinos solidarios. No a la demolición. Juntemos las firmas necesarias. Apelemos al corazón y al don de gentes del doctor Beltramone. No quiero leer en el futuro “flamantes departamentos de 1, 2 y 3 ambientes a estrenar”. Las torres no deben ser demolidas, que queden como están, las almas de los que murieron siguen allí, y nadie debe profanar su descanso eterno y su eterno recuerdo.

Miguel A. Decunto / DNI 11.270.762