En memoria de Marcela Nuccetelli
Dice don Jorge Luis Borges en su poema La Suma: “Ante la cal de una pared que nada/ nos veda imaginar como infinita/ un hombre se ha sentado y premedita/ trazar con rigurosa pincelada/ en la blanca pared el mundo entero”. No es un hombre...

Jueves 03 de Julio de 2014

Dice don Jorge Luis Borges en su poema La Suma: “Ante la cal de una pared que nada/ nos veda imaginar como infinita/ un hombre se ha sentado y premedita/ trazar con rigurosa pincelada/ en la blanca pared el mundo entero”. No es un hombre, sino una mujer, Marcela Nuccetelli, quien protagoniza nuestra memoria y a quien vemos ante una pared, nunca tan apropiadamente infinita como la Salud Pública, trazar un proyecto en el que las personas que lo habitan reciben equitativamente los servicios debidos, en el que el Estado alivia el padecer de quien menos tiene, menos puede, pero que por derecho merece se le asista. “Puertas, balanzas, tártaros, jacintos,/ ángeles, bibliotecas, laberintos,/ anclas, Uxmal, el infinito, el cero”. El liderazgo luminoso que ejerció Marcela en su trayectoria en la gestión de la Salud Pública fue ese mundo, rigurosamente construido a partir de sus objetos-instrumentos, de gestión del cambio: el afecto, la risa, la pasión contagiosa, la confianza en el otro y en los otros, el abrazo, la invitación a participar, compartir y aprender con ese otro, siempre en el interior de una trama colectiva.  Su Uxmal fue Rosario, universo al sur de Santa Fe, tejido de ceros e infinitos. “Puebla de formas la pared. La suerte,/ que de curiosos dones no es avara,/ le permite dar fin a su porfía”. O quizás esos dones nos han sido transferidos, azar cruel mediante, y hoy somos nosotros, quienes compartimos el horizonte que habitó Marcela, quienes aprendimos, acompañamos, discutimos, construimos y reconstruimos, quienes no damos fin a su porfía, sino que la continuamos. “En el preciso instante de la muerte/ descubre que esa vasta algarabía/ de líneas es la imagen de su cara. En los borgeanos espejos es siempre un sujeto posible aquel que nos devuelve la imagen. Sabemos qué cara trazó Marcela en esa pared infinita de trabajo por una Salud equitativa, esa cara que extrañamos y que la memoria recrea y necesita. No es imposible pensar que en esa imagen, que en esa vasta algarabía, nos encontramos, nosotros, y que el reflejo de todo espejo, que al fin y siempre es el otro, es también una herencia que ese otro nos ha dejado al cuidado. Es la porfía, es el abrazo, es el hacer por-venir. Titulada en medicina y especializada en pediatría, Marcela orientó su capacidad de escucha clínica hacia la Salud Pública. Acaso comprendiendo y asumiendo la necesidad de profesionalizar, con pasión y no menor convicción ideológica, la gestión de los procesos de atención en salud que el Estado brinda a la población. Ejerció la jefatura de centros de salud en Pérez y Rosario, luego coordinó el Distrito Oeste de la ciudad, fue subdirectora del Cemar, subcoordinadora del Nodo Rosario del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe, habiendo asumido la dirección de dicho Nodo en la actual gestión del ministro Mario Drisun. Este es un homenaje de aquellos que compartimos su lucha por la salud pública.
 

Sus compañeros del Ministerio de Salud provincial