Martes 02 de Junio de 2009
Falta cada vez menos para el 28 de junio. La campaña electoral deja mucho que desear, plagada de improperios, acusaciones y escraches. Los debates brillan por su ausencia, al igual que el interés de la ciudadanía por un acto eleccionario que definirá muchas cosas, entre ellas el futuro del gobierno nacional. Es por ello que el 28 de junio no será un domingo cualquiera. Ese día cada ciudadano que ingrese al cuarto oscuro decidirá si vale la pena seguir apoyando a Cristina o si, por el contrario, conviene apostar por el cambio. Para adoptar una decisión de semejante magnitud cada ciudadano que ingrese al cuarto oscuro seguramente ejercitará su memoria. Recordará que el día en que Néstor Kirchner asumió en aquel lejano 25 de mayo de 2003 la Argentina era un país en llamas. Recordará que los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) estaban fuertemente cuestionados por una sociedad harta de tantas frustraciones, de tantas mentiras, de tantas mezquindades. Recordará que el aislamiento internacional era absoluto a raíz de la declaración del default a fines de diciembre de 2001 y que fue ovacionada por la Asamblea Legislativa. Recordará que los niveles de pobreza e indigencia eran escandalosos producidos por una devaluación que favoreció a los grandes grupos económicos. Recordará que los grandes partidos (el peronismo y el radicalismo) sufrían una fragmentación histórica. Ese día cada ciudadano que ingrese al cuarto oscuro comparará lo que pasaba en nuestro país hace seis años y lo que pasa ahora. Si su conciencia le dice que ahora estamos mejor seguramente apoyará en la soledad del cuarto oscuro al gobierno nacional. Si su conciencia le dice que, pese al cúmulo de materias pendientes, vale la pena profundizar el modelo iniciado hace seis años, seguramente apoyará en la soledad del cuarto oscuro a un gobierno al que el orden conservador no le perdona su defensa de los valores medulares del socialismo democrático y progresista.
Hernán Andrés Kruse, hkruse@fibertel.com.ar