Sábado 08 de Mayo de 2010
Los hechos de inseguridad nos traen de nuevo a las noticias y por desgracia ante tanta desidia fuimos nuevamente al paro. Lo grave es que, al parecer, no se aprende más. Los políticos, a esta altura, se han quedado sin excusas. Porque si bien sacaron una ordenanza por el tema taxis (GPS, blindex, luz de pánico, etcétera) siempre dio la sensación de que querían sacarse el tema de encima. Sé que suena mal (y me hago cargo), pero jamás ninguno de los que dictaron esta norma se tomaron el tiempo de hacer un trabajo serio, yendo a la fuente, a los que estamos día a día en la calle. Ahora se tomarán medidas alternativas y se tirará sobre la mesa lo de la tarjeta inteligente, algo para el primer mundo pero no para nosotros. Alguien nos engañó: nos dijeron que con los nuevos sistemas la cosa estaba solucionada o quizás alguien hizo un gran negocio. Cómo puedo salir hoy a trabajar y dejar de llevar a alguien por el hecho que me guste o no su cara, sin que eso tampoco me garantice nada. Quizás esté equivocado, pero la inseguridad ya hace mucho que dejó de ser una sensación. Hasta que no se pongan los pantalones largos y se gobierne en función de las necesidades básicas de la gente, que se corrijan leyes para que el vecino de a pie no sufra robos o asesinatos, será muy difícil controlar algo que está en movimiento como es el taxi. El problema es de todos, lo que más duele es que nos llenamos la boca hablando de los derechos humanos, esos mismos que el ciudadano común ha perdido y no sabe por qué. Mientras no se cambie la manera de pensar, de obrar, nosotros vamos a seguir estando en la línea de fuego y lamentando alguna desgracia.
Pablo Gabriel Giménez
pablogabriel@arnet.com.ar