Sábado 24 de Diciembre de 2011
En enero de 2010, uno de los países más golpeados del planeta y el más pobre de América, Haití, recibió otro devastador golpe a su ya paupérrima situación económica y social. Un terremoto de 7 grados en la escala de Ritcher afectó principalmente a la capital Puerto Príncipe y provocó 200 mil víctimas fatales.
Para Cristian Kuperbank fue “lejos el más grosso de todos los desastres de los que me tocó participar. Se cayó toda la ciudad. Una por la magnitud del sismo y otra cosa porque olvidáte que en un país como Haití haya normas de control de calidad de materiales. Sumále la pobreza estructural de esa nación, eso magnificó todo”.
“Fue impactante —recuerda—. Desde República Dominicana me fui en un vuelo con unos sudafricanos y en el aeropuerto me encontré con el grupo mexicano Los Topos, a quienes había conocido en Pisco. Al otro día ya empezamos a trabajar con Lola porque ellos no tenían perro. Fue un buen complemento porque estos tipos hacen cosas insólitas, entran a estructuras colapsadas”.
Suena raro escucharlo decir que “tuvimos suerte” de rescatar nueve personas vivas y “ocho cadáveres”. A todos los marcó Lola. “Nunca había estado exigido al extremo de trabajar 20 horas por día, de dormir una hora, soportar temperaturas altas de día y muy bajas de noche”, evoca.
Recordó que “llegamos a un hotel cinco estrellas. Por allí habían pasado numerosos equipos de rescate y todos habían dicho que no había nadie. En ese edificio vivían diplomáticos. Una mujer guatemalteca sostenía que su marido uruguayo y su hijo seguían ahí. Y empezamos a trabajar y los encontramos. Eramos 7 u 8 personas al principio y terminamos siendo 60 laburando a full. Y así se integraron paraguayos, franceses, chilenos y estadounidenses casi 20 horas por día. Lamentablemente las dos víctimas habían fallecido”.
Otro trance destacado lo vivió cuando por expreso pedido del Vaticano se dio la orden de encontrar al arzobispo de Puerto Príncipe, Joseph Serge Miot. “Tardamos más de 12 horas en sacarlo porque medía más de 1,90 metro y pesaba como 170 kilos. También lo sacamos sin vida. Hubo que hacer mucha fuerza y no siempre a los túneles podíamos entrar todos para poder ayudar. También encontramos a la suegra del entonces presidente René Préval, quien murió en su casa”.
Recuerda con angustia el día que estuvieron casi 14 horas trabajando para sacar un chico de los escombros. “Se logró estabilizarlo. Pero cuando lo tuvimos afuera del túnel murió. Eso te parte al medio, por suerte hoy lo puedo manejar de otra manera desde lo mental, aunque me costó mucho”.
Hay, asimismo, lugar para las alegrías. “Nos pasó algo insólito. Un día rescatamos unos chicos en un orfanato. Terminamos de trabajar, nos relajamos y horas más tarde en el campamento nos pusimos a jugar con unos nenes que estaban heridos y alguien nos dijo “¿saben quién es el nene éste?”, es el que sacaron ustedes hoy a la tarde. No sabíamos si reírnos o llorar. Fue muy fuerte”. l