En el nombre del padre
En el nombre del padre de la democracia, Raúl Alfonsín, el partido radical tiene que volver a ser el que era antes de que intereses individuales lo hayan dividido. No es fácil integrar en la sociedad nuevos partidos.

Jueves 09 de Abril de 2009

En el nombre del padre de la democracia, Raúl Alfonsín, el partido radical tiene que volver a ser el que era antes de que intereses individuales lo hayan dividido. No es fácil integrar en la sociedad nuevos partidos. Lleva años imponer un producto con publicidades y es ridículo querer empezar de cero cuando ya se tiene gran parte del camino allanado. Un amigo me dijo en una oportunidad que el que puede crear cosas buenas es inteligente, pero el que sabe aprovechar las creaciones de los otros y partiendo de allí conseguir algo mucho mejor, es un sabio. El radicalismo, un partido centenario al que mi padre estuvo afiliado toda su vida y por el que fue preso en su juventud, tiene que volver a ponerse de pie a pesar de sus errores. Todos en la vida somos una trayectoria, no un hecho aislado y tenemos una balanza de un debe y un haber. Eso es lo que determina cuán buenas personas somos. No se puede echar por la borda los ideales por los que tantos personajes de la historia han luchado. Todos los países desarrollados tienen un gobierno y una oposición debidamente organizados. No puede ser que cada vez que se hable del radicalismo se vuelva a la inflación de Alfonsín, al corralito de De la Rúa o a los errores de la Alianza, como si el peronismo fueran dulces angelitos intachables. No hay excusas para terminar con un partido que en su momento aglutinó a gran parte de la ciudadanía. Hay que rechazar los encasillamientos y seguir luchando por los intereses de la Nación. Los radicales tienen que sacudir las telarañas y las culpas y reflejarse en los ojos de los que tanto han hecho para mantenerlo vivo. En este momento deben unirse para dar una alternativa válida a los que confían en ellos. Alfonsín consiguió de muerto lo que no pudo de vivo, la unión de los radicales en la calle pidiendo una nueva convergencia. Los encasillamientos solo sirven para paralizar y destruir al otro. Ruego a Dios que la enseñanza de vida de Alfonsín sirva de ejemplo a los jóvenes para hacer de la nuestra una Nación libre, justa y soberana.

Leonor Lijov,

leolijov@fibertel.com.ar