Lunes 20 de Agosto de 2012
Hace casi dos años que vivo en Rosario, viniendo de muy lejos. Aún me estoy adaptando. Soy una señora de edad y casi todos los días tomo dos taxis, a veces tres. Sólo he encontrado amabilidad por parte de ellos. Hace unos meses me llevaba un señor de mediana edad, quien tenía la radio encendida. Comenzó a tocar un tango y este señor prácticamente se puso a llorar. Me contó de la emoción que sentía cuando escuchaba ese tango. ¿Cómo se puede hablar mal de una persona que llora cuando escucha un tango? La única queja que podría tener es que algunos conductores jóvenes van demasiado rápido en medio de la ciudad. Tal vez aquí se podría aplicar eso de "tratar al prójimo como quisiéramos ser tratados". El tema de la higiene es otra cuestión, ya que esto parece ser una enfermedad endémica de todo Rosario.
Raquel C. Singh
DNI 5.849.650