Jueves 26 de Mayo de 2011
Los alemanes le otorgan una gran importancia a las bicisendas, todavía en debate en Rosario. Una de las primeras recomendaciones al llegar a Berlín es que hay que tener más cuidado con las bicicletas que con los autos.
La mayoría de las veredas de la capital alemana tienen marcadas en color rojizo la senda de los ciclistas, que alcanzan gran velocidad. También están señaladas en calles y avenidas por dónde deben circular.
Los automóviles no son tan peligrosos porque si bien Berlín es una ciudad de 3.5 millones de habitantes, es siete veces más grande que París y cuenta con amplias avenidas por todas partes. Además, el transporte público es excelente. Hay ómnibus, tranvías, subterráneos y trenes de superficie. Eso sí, un boleto de ida solamente que se puede utilizar en todo el sistema de transporte cuesta unos 2,20 euros (cerca de 13 pesos argentinos). Pero hay abonos diarios, semanales y mensuales que abaratan notablemente el precio.
En las calles no hay embotellamientos, reina el silencio y a partir de las 19 parece que la ciudad se vaciara. La famosa avenida Unter del Linden, en el sector oriental de Berlín, se convierte a cierta hora en pista para los ciclistas.
En Leipzig, hay bicisendas por todas partes. La ciudad, situada a poco más de una hora en tren hacia el sur de Berlín, anima a sus ciudadanos a utilizar medios alternativos de movilidad. El propio intendente, Burkhard Jung, fue ayer el guía turístico en bicicleta para más de cien participantes del foro mundial que recorrieron Leipzig, cuna de Johann Sebastian Bach, en dos ruedas.
Peligro chino
Los especialistas reunidos en Leipzig creen que, tras la crisis de 2008, se ha vuelto a los niveles normales de movilidad de carga global. Los países emergentes desarrollaron un rol significativo en la recuperación de la actividad, pero China, principal motor del transporte de mercaderías, se apoya sólo en sus exportaciones y puede poner en peligro al sector nuevamente.